FUNDACIÓN TU NUEVA ALEGRÍA

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martes, 30 de abril de 2013

La Vida y Obra del Apóstol Pablo

Capítulo 3  

Su Conversión

La severidad de su persecución

La esperanza del perseguidor era exterminar completamente el cristianismo. Pero él comprendía poco de la índole de este último. No sabía que crece por la persecución, y que la prosperidad a menudo le ha sido fatal, más la persecución nunca. "Los que eran esparcidos iban por todas partes predicando la palabra."
Hasta entonces la iglesia había estado limitada dentro de los muros de Jerusalén; pero ahora, en toda Judea y Samaria, y en la lejana Fenicia y Siria, el faro del evangelio comenzó a esparcir luz entre las tinieblas, y en muchos pueblos y aldeas dos y tres se reunían en un salón, para impartirse unos a otros el gozo del Espíritu Santo.

La Luz Verdadera es Jesucristo Podemos imaginarnos cuánta ira sentiría el perseguidor ante la noticia de estas erupciones del fanatismo que él había esperado demoler.
Pero él no era persona capaz de darse por vencida, y resolvió perseguir a los que eran objeto de su odio aun en los más oscuros y apartados escondites.
De consiguiente, en cada ciudad, una después de otra, aparecía, armado con los aparatos del inquisidor, para llevar a cabo su sanguinario propósito.
Habiendo oído que Damasco, la capital de Siria, era uno de los lugares donde los fugitivos habían encontrado refugio, y que llevaban adelante su propaganda entre los numerosos judíos de aquella ciudad, él fue al príncipe de los sacerdotes, quien tenía jurisdicción sobre los judíos tanto fuera como dentro de Palestina, y obtuvo cartas que le autorizaban para perseguir y traer atados a Jerusalén a todos los que allí encontrara que hubiesen aceptado el nuevo camino.



Dando coces contra el aguijón

Al verlo partir para un viaje que debía ser tan importante, es muy natural que nos preguntemos: ¿Cuál era el estado de su mente? Tenía inclinaciones nobles y corazón tierno; pero la obra en que estaba comprometido puede suponerse que sólo podría congeniar con hombres de los más brutales sentimientos.
Entonces, ¿no había sentido algún remordimiento? Aparentemente no. Se nos dice que, al andar por ciudades extranjeras en persecución de sus víctimas, se sentía excesivamente airado contra ellas; y cuando se dirigía a Damasco todavía respiraba amenazas y deseos de matanza.
Estaba a cubierto de la duda por medio de su reverencia hacia los objetos que corrían peligro con la herejía; y si tenía que actuar contra sus sentimientos naturales y ultrajarlos con la sangrienta misión, ¿no era su mérito tanto mayor?
Pero en su viaje la duda por fin asaltó su mente. Era un viaje muy largo, de más de 180 millas, y con los medios lentos y cansados de locomoción que entonces se usaban, tardan cuando menos seis días en realizarlo.
Una parte considerable de este tiempo temía que ocuparla en atravesar un desierto donde nada había que distrajera su mente y alterara su reflexión.
La duda, pues, se levantó en esta inacción involuntaria. ¿Qué otra cosa puede significar la palabra con la que el Señor le saludó:
"Dura cosa te es dar coces contra el aguijón"?

La Luz Verdadera es Jesucristo Esta figura de lenguaje fue tomada de la costumbre de los países orientales: el boyero lleva en la mano una garrocha terminada en aguda punta de hierro, de la cual se sirve para hacer andar al animal, para hacerlo pararse, cambiar de dirección, etc.; si el buey es rebelde, da coces contra la garrocha, lastimándose y enfureciéndose con las heridas que recibe.
Este es el vivo retrato de un hombre herido y atormentado por los remordimientos de su conciencia.
Había algo en él que se rebelaba contra la corriente de la humanidad, en la que su barquilla iba flotando, y le sugería que estaba peleando contra Dios.
No es difícil concebir de donde se levantaron estas dudas. Él era discípulo de Gamaliel el abogado de la humanidad y de la tolerancia, y quien había aconsejado al concilio que dejasen a los cristianos.
El mismo era demasiado joven todavía para haber endurecido y acostumbrado su corazón a todo lo desagradable de obra tan horrible.
Por muy grande que fuera su celo religioso, la naturaleza no pedía menos que hablar por fin. Pero probablemente sus remordimientos se despertaron con especialidad a causa de la conducta de los cristianos.
La Luz Verdadera es Jesucristo Él había oído la noble defensa de Esteban, y había visto brillar su rostro como el de un ángel, en la Cámara del Consejo. Le había visto arrodillarse en el campo de la ejecución, y orar por sus asesinos.
Sin duda en el curso de sus persecuciones había sido testigo de otras escenas parecidas. ¿Parecían estas gentes enemigas de Dios? Habiendo penetrado en sus hogares para llevarlos a la cárcel, adquirió algunas ideas acerca de la vida social de los cristianos.
Estas escenas de pureza y amor ¿podrían ser el producto del poder de las tinieblas? Aquella serenidad con que sus víctimas iban al encuentro de su destino cruel ¿no parecía la misma paz por la que él había en vano suspirado?
La Luz Verdadera es Jesucristo Los argumentos de los cristianos también deben haber hablado a una mente como la suya. El había oído a Esteban probar por las Escrituras que era necesario que el Mesías sufriese; y el tenor general de la apologética de los primitivos cristianos demuestra que en su prueba deben haber apelado a pasajes como el 53 de Isaías, donde se predice una carrera al Mesías admirablemente parecida a la de Jesús de Nazaret.
Él había oído de los labios' cristianos incidentes de la vida de Cristo que representaban un personaje muy diferente del que mostraban los retratos bosquejados por sus informadores fariseos; y las palabras que los cristianos citaban de su Maestro no sonaban como el lenguaje del fanático, como creía a Jesús.




Su visión de Cristo

Tales son algunas de las reflexiones que agitaban al viajero mientras caminaba sumido en triste meditación. Pero ¿no serían éstas meras sugestiones de la tentación, de la fantasía calenturienta de una mente cansada, o de un espíritu malo que quería retraerlo del servicio de Jehová?
La vista de Damasco, brillante como una joya en el corazón del desierto, lo sacó de su abstracción.
 Allí, en compañía de rabíes cariñosos, y en la excitación del esfuerzo, arrojaría de sí estos fantasmas nacidos con la soledad.
Así pues se apresuró a caminar, y el sol de mediodía le alumbraba, urgiéndole a llegar a las garitas de la ciudad.
La noticia de la venida de Saulo había llegado a Damasco antes que él; y el pequeño rebaño de Cristo hacía oración para que se impidiera, si fuera posible, la aproximación del lobo que estaba en camino para atacar el redil.
Sin embargo, cada vez estaba más y más cerca; había llegado a la última jornada de su viaje, y a la vista del lugar que contenía sus víctimas crecía el apetito por su presa.
Pero el buen pastor había oído los gritos de su rebaño afligido, y se adelantó a encontrar al lobo por el bien de las ovejas.
Repentinamente, a mediodía, mientras que Saulo y su compañía cabalgaban hacia la ciudad bajo el ardiente sol siriaco, una luz, que debilitó aun el brillo del gran astro, resplandeció alrededor de ellos, un golpe hizo vibrar la atmósfera, y en un momento se hallaron postrados en tierra.
Lo demás sólo fue para Pablo. Una voz sonó en sus oídos:
"Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Pablo miró hacia arriba y preguntó a la radiante figura que le había hablado: "¿Quién eres, Señor?". Y la respuesta fue: "Yo soy Jesús, a quien tú persigues".

El lenguaje en que Pablo se expresaba después al hablar de este suceso, nos prohíbe pensar que hubiera sido una mera visión de Jesús lo que él vio. La consideró como la última aparición del Salvador a sus discípulos, y la coloca en el mismo lugar que las apariciones a Pedro, a Santiago, a los once y a los quinientos. Fue en realidad Cristo Jesús, investido de su humanidad glorificada, quien dejó su lugar, donde quiera que esté en los espacios del universo donde Él está sentado en Su Trono Mediatorio, para mostrarse a este discípulo electo, y la luz que sobrepujó a la del sol no fue otra que la gloria en que su Humanidad está envuelta.
Las palabras dirigidas a Pablo suministran una evidencia incidental de esto. Esas palabras fueron dichas en hebreo, o más bien en arameo, la misma en que Jesús había acostumbrado dirigirse a las multitudes en el lago y para conversar con sus discípulos en las soledades del desierto; y como en los días de su encarnación solía Abrir Su Boca en parábolas, así ahora revistió su reprensión con una fuerte metáfora, "dura cosa te es dar coces contra el aguijón".



Efectos de su conversión sobre su pensamiento

La Luz verdadera es Jesucristo Sería imposible exagerar lo que pasó en la mente de Pablo en este solo instante. No es sino un modo ordinario el que tenemos de dividir el tiempo por el reloj, en minutos y horas, días y años, como si cada porción así medida fuera del mismo tamaño que otras de igual extensión.
Esto puede adaptarse bastante bien para los fines comunes de la vida, pero hay medidas más finas para las que es completamente inconducente.
El tamaño real de cualquier espacio de tiempo debe medirse por la suma en cantidad y el valor en calidad de las experiencias adquiridas por el alma; ninguna hora es exactamente igual a otra, y hay simples horas que son más grandes que los meses.
Así medido, este solo momento de la vida de Pablo fue tal vez más largo que todos sus años precedentes.
La Luz verdadera es Jesucristo El deslumbramiento de la revelación fue tan intenso que muy bien pudo haber fogueado el ojo de la razón y aun quemado la vista misma, como la luz externa deslumbró los ojos de su cuerpo hasta la ceguedad.
Cuando sus compañeros se recobraron y volvieron a su jefe, descubrieron que había perdido la vista, y tomándolo por la mano lo condujeron a la ciudad.

La Luz verdadera es Jesucristo ¡Qué cambio se efectuó! En vez del orgulloso fariseo que caminaba por las calles con la pompa de un inquisidor, un hombre afligido, temblando, andando a tientas, pendiente de la mano de su guía, llega a la posada entre la consternación de los que lo recibieron, y tiene que pedir apresuradamente un cuarto donde pueda pedirles que lo dejen solo.
Allí queda en medio de la oscuridad, abandonado a sus meditaciones.
La Luz verdadera es Jesucristo Pero aunque la oscuridad reinaba exteriormente, en lo interior había luz. La ceguera le había venido con el propósito de excluirlo de distracciones exteriores y hacerlo capaz de reconcentrarse en el asunto que se había presentado a su mirada interna.
Por la misma razón, ni comió ni bebió por tres días. Estaba demasiado absorto en los pensamientos que se agrupaban en su mente de un modo rápido y continuo.
En estos tres días, puede decirse con seguridad, que obtuvo comprensión, cuando menos en parte, de todas las verdades que después proclamó al mundo, porque toda su teología no es más que la explicación de su propia conversión.
Su vida previa entera cayó en fragmentos a sus pies.
A él mismo le pareció que, a pesar de sus imperfecciones, estaba en la línea de la voluntad de Dios.

La Luz verdadera es Jesucristo Pero muy lejos de esto, ella se había arrojado en oposición diametral de la voluntad y revelación de Dios, y ahora había sido parada y rota en pedazos por la colisión.
 Aquello que le había parecido la perfección del servicio y obediencia, envolvió su alma en la culpa de blasfemia y sangre inocente.
Tal había sido la consecuencia de buscar la justificación por las obras de la ley. En el mismo instante en que su justificación parecía al fin haberse vuelto a la blancura tanto tiempo deseada, fue cogida en la llama de esta revelación, y tornada en tinieblas.
Había sido un equívoco, pues, desde el principio hasta el fin. La justificación no había de obtenerse por la ley, sino solamente la culpa y la condenación.
Este era el resultado inequívoco, y llegó a ser uno de los polos de la teología de Pablo.
La Luz verdadera es Jesucristo Pero mientras su teoría de la vida caía así en pedazos, con un estampido que por sí solo hubiera agitado su razón, en el momento mismo le sobrevino una experiencia contraria. Jesús de Nazaret le apareció sin cólera ni venganza, como se hubiera esperado que apareciera al enemigo mortal de Su causa.
La primera palabra hubiera sido una demanda de retribución, y su primera podría haber sido su última. Pero en vez de esto, su rostro había aparecido lleno de Divina benignidad, y sus palabras de consideraciones para su perseguidor.
En el momento en que la Divina fuerza lo arrojó en tierra, se sintió circundado de Divino amor.
Esta era la recompensa por la que en vano él había luchado todo el tiempo de su vida, y ahora la obtenía al descubrir que sus luchas habían sido combates contra Dios.
La Luz verdadera es Jesucristo Fue levantado de su caída en los brazos del amor Divino; fue reconciliado y aceptado para siempre.
Cuanto más pasaba el tiempo tanto más seguro estaba él de esto. Sin esfuerzo, encontró en Cristo la paz y la fuerza moral que en vano había buscado.
Y esto vino a ser el otro polo de su teología: que la justificación y la fuerza se encuentran en Cristo, sin las obras de los hombres, por la mera confianza en la gracia de Dios y aceptación de su dádiva.
Mucho más había entre estos dos extremos, y la adquisición de su contenido era cuestión de tiempo; pero el sistema del pensamiento de Pablo siempre ha girado dentro de estos polos.


 

Efectos de su conversión en su destino

La Luz verdadera es Jesucristo Los tres días de oscuridad no le vinieron sino después de conocer una cosa: que debía dedicar su vida a la proclamación de estos descubrimientos.
En cualquier caso lo mismo hubiera sucedido. Pablo nació propagandista, y no llegaría a ser el poseedor de verdad tan revolucionaria sin difundirla.
Además, tenía un corazón ardiente, susceptible de ser conmovido por la gratitud; y cuando Jesús, de quien él blasfemaba y cuya memoria había tratado de borrar del mundo, lo trató con Divina benignidad, volviéndole de su existencia desastrosa y colocándole en aquella posición que ya le había parecido el premio de la vida, sintió que no podía menos que dedicarse a su servicio con todos sus poderes.
La Luz verdadera es Jesucristo Era un exaltado patriota. Para él, la esperanza del Mesías había ocupado todo el horizonte del futuro; y cuando conoció que Jesús de Nazaret era el Mesías de su pueblo y el Salvador del mundo, se deducía naturalmente que debía gastar su vida en dar a conocer a este Mesías.

La Luz verdadera es Jesucristo Pero su destino también le fue anunciado claramente desde el exterior. Ananías, con toda probabilidad el principal en la pequeña comunidad de los cristianos de Damasco, fue informado en visión del cambio que había acontecido en Pablo y enviado para restaurarle la vista y admitirle en la iglesia cristiana por el bautismo.
Nada más hermoso que la manera como este siervo de Dios se acercó al hombre que había venido a la ciudad para matarlo.
La Luz verdadera es Jesucristo Tan luego como conoció el estado del caso perdonó y olvidó todos los crímenes del enemigo, y se apresuró a recogerlo en los brazos del amor cristiano.
Seguro como estaba Pablo del perdón en su ser íntimo, debe haber sido para él gratísimo consuelo, al abrir de nuevo sus ojos a la luz del mundo externo, no encontrar contradicción alguna que empañara las visiones que había tenido, sino, por el contrario, ver desde luego un rostro humano inclinándose a él con miradas de perdón y amor sincero.
La Luz verdadera es Jesucristo Aprendió de Ananías que había sido tomado por Cristo para ser el vehículo de Su nombre a gentiles y reyes y a los hijos de Israel.
Aceptó la misión con devoción infinita, y desde entonces hasta la hora de su muerte no tuvo más que una ambición: conseguir aquello para lo que Cristo Jesús le había adquirido.

 

sábado, 23 de marzo de 2013




Una semana que no es santa
Léase Lucas 23:26-43
Lucas  23:26-43 Y llevándole,  tomaron a cierto Simón de Cirene,  que venía del campo,  y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús.
27 Y le seguía gran multitud del pueblo,  y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él.
28 Pero Jesús,  vuelto hacia ellas,  les dijo: Hijas de Jerusalén,  no lloréis por mí,  sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos.
29 Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles,  y los vientres que no concibieron,  y los pechos que no criaron.
30 Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros;  y a los collados: Cubridnos.
31 Porque si en el árbol verde hacen estas cosas,  ¿en el seco,  qué no se hará?
32 Llevaban también con él a otros dos,  que eran malhechores,  para ser muertos.
33 Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera,  le crucificaron allí,  y a los malhechores,  uno a la derecha y otro a la izquierda.
34 Y Jesús decía: Padre,  perdónalos,  porque no saben lo que hacen.  Y repartieron entre sí sus vestidos,  echando suertes.
35 Y el pueblo estaba mirando;  y aun los gobernantes se burlaban de él,  diciendo: A otros salvó;  sálvese a sí mismo,  si éste es el Cristo,  el escogido de Dios.
36 Los soldados también le escarnecían,  acercándose y presentándole vinagre,
37 y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos,  sálvate a ti mismo.
38 Había también sobre él un título escrito con letras griegas,  latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.
39 Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba,  diciendo: Si tú eres el Cristo,  sálvate a ti mismo y a nosotros.
40 Respondiendo el otro,  le reprendió,  diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios,  estando en la misma condenación?
41 Nosotros,  a la verdad,  justamente padecemos,  porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos;  mas éste ningún mal hizo.
42 Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.
43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Pero Dios prueba que nos ama, en que, cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8

Los seres humanos tratamos de evitar el dolor. A lo que es placentero lo llamamos bueno.
Cuando la verdad duele, decidimos que debe ser malo.

La muerte de Jesús muestra cómo el pecado (nuestro vivir sin Dios) puede hacer que nos equivoquemos en cuanto a lo bueno y lo malo.
Nuestro pecado juzga a Jesús, el Inocente, como culpable. Lleva a la muerte al Dador de la vida.

En una cultura que trata de ser feliz aún si eso requiere vivir en negación, siento que necesito disculparme por esta semana.

La llamamos «Semana Santa», aunque no es santa, ya que de santa no tiene nada, quizás ni su nombre es santa, ni mucho menos semana, ya que se inicia es con un domingo de ramos, luego el comienzo propiamente dicho de semana que ya no es semana, seria desde el jueves, viernes y sábado pues el domingo se celebra el “domingo de resurrección”, entonces observemos detenidamente lo que se hace en esta semana: se bebe hasta embriagarse, sin el temor de saber que al día siguiente debe ir a trabajar.
Se vive desenfrenadamente, dándole cabida a los más bajos instintos.
Se come con gula, se baila, se escucha una música estrepitosa y fuera de tono, dándole culto a satanás, se viaja a la playa a demostrar en las mismas sus dotes esculturales, para dar de que hablar e incitar los instintos más bajos para acrecentar el pecado,  en fin el comportamiento no es precisamente el más idóneo para unos días santos.
Si observamos las estadísticas en estos días se elevan las muertes por diversas índoles como asesinatos, peleas, disputas, accidentes de tránsito debidos a la embriaguez etc. Para estas y más cosas se planifican una semana supuestamente santa.

Quizás debemos poner una etiqueta en esta semana: Precaución, la muerte de Jesús puede mostrarle más de lo que usted desea saber.
El Viernes Santo no se refiere sólo a Jesús.
Se trata también de nosotros/as y del costo de nuestro pecado. Esa es la verdad y no se puede negar.

Oración:
Señor Jesús, gracias por morir para librarme del pecado. En el nombre de Jesús oramos. Amén.


Reflexión: Podemos dejar de perdonar a los demás cuando Cristo deje de perdonarnos.


Dios le colme de sus infinitas Bendiciones por siempre.



“Sembramos La Semilla Pero Dios trae La Cosecha’’

viernes, 1 de marzo de 2013

 Capítulo 2:  

SU PREPARACIÓN INCONSCIENTE PARA SU OBRA

Fecha y lugar de su nacimiento

Las personas cuya conversión ha tenido lugar en la edad adulta, suelen ver retrospectivamente hacia el período de su vida anterior a su conversión, con tristeza y vergüenza, y desean que una mano obliteradora lo borre del registro de su existencia.
San Pablo experimentó con fuerza este mismo sentimiento; hasta el fin de sus días estuvo rodeado por el espectro de sus años perdidos, y solía decir que él era el menor de todos los apóstoles, que no era digno de ser llamado apóstol, porque había perseguido a la iglesia de Dios. Pero estos pensamientos sombríos sólo son parcialmente justificables.
Los propósitos de Dios son muy profundos, y aun en aquellos que no le conocen, puede estar sembrando semilla que solamente germinará y producirá el fruto mucho tiempo después que éstos hayan terminado su carrera impía.
La Luz verdadera es JesucristoPablo nunca hubiera sido el hombre que llegó a ser, ni hubiera hecho el trabajo que hizo, si en los años precedentes a su conversión no hubiera tenido un curso designado de preparación que lo hiciera apto para su carrera por venir. El no conocía para qué estaba siendo preparado; sus propias intenciones para el futuro eran diferentes de las de Dios; pero hay una Divinidad que dispone nuestros fines, y ella lo hizo una flecha aguda para la aljaba de Dios, aunque él no lo sabía.

La Luz verdadera es Jesucristo La fecha del nacimiento de Pablo no se conoce exactamente, pero puede fijarse con aproximación, lo cual es suficiente para el propósito práctico. Cuando en el año 33 d.C. los que apedrearon a Esteban pusieron sus capas a los pies de Pablo, era
"un joven". Tal término en verdad, en el original griego es muy amplio y puede indicar una edad comprendida entre veinte y treinta años. En este caso probablemente se refiere, mejor que al primero, al último límite; pues hay razón para creer que en este tiempo, o poco después, fue miembro del concilio, oficio que ninguno que no tuviera treinta años de edad podía obtener; y la comisión que inmediatamente después recibió del concilio para perseguir a los cristianos apenas habría sido confiada a un joven. Treinta años después de haber lamentablemente participado en el asesinato de Esteban, en el año 62 d.C., se hallaba en una prisión en Roma esperando la sentencia de muerte por la misma causa por la que Esteban había sufrido; y cuando escribía una de sus últimas epístolas, la de Filemón, se llamaba "anciano". Este último término, también, es muy amplio, y un hombre que ha pasado por muchos sufrimientos muy bien puede considerarse de más edad que la que tiene; aunque apenas podría tomar el nombre de "Pablo el anciano" antes de los sesenta años de edad.
La Luz verdadera es Jesucristo Estos cálculos nos conducen a creer que nació casi en el mismo tiempo que Jesús. Cuando el niño Jesús jugaba en las calles de Nazaret, el niño Pablo jugaba en las calles de su ciudad natal, al otro lado de las cumbres del Líbano.
Parecían tener carreras totalmente distintas; sin embargo, por el arreglo misterioso de la Providencia, estas dos vidas, como caudal que corre de fuentes opuestas, un día, cual río y tributario, habrían de unirse.
La Luz verdadera es Jesucristo El lugar de su nacimiento fue Tarso, capital de la provincia de Cilicia al sudeste de Asia Menor. Estaba a unas cuantas millas de la costa en medio de un llano fértil, y situado sobre las dos orillas del río Cidno, que descendía de las montañas vecinas del Tauro, en cuyas nevadas cimas era la costumbre de los habitantes del país contemplar, en las tardes de verano, desde los techos llanos de sus casas, la belleza de la puesta del sol.
Arriba de la ciudad, no lejos de ella, el río se arrojaba sobre las rocas en gran catarata, pero abajo venía a ser navegable, y dentro de la ciudad sus orillas estaban cubiertas de muelles donde se reunían las mercancías de muchos países, mientras los marineros y comerciantes, vestidos según las costumbres de diferentes razas, y hablando diversos idiomas, constantemente se encontraban en las calles. Tarso hacía un comercio extenso en maderas, en las cuales abundaba la provincia, y en el fino pelo de las cabras que a millares eran apacentadas en las montañas vecinas. Este era empleado en hacer una especie de paño burdo y en la fabricación de varios artículos; entre los cuales, las tiendas, como las que después Pablo se ocupaba en coser, formaban un extenso artículo de cambio por todas las costas del Mediterráneo.
Tarso era también el centro de intenso transporte mercantil; pues, atrás de la ciudad, un famoso paso llamado las Puertas Milicianas conducía a las montañas de los países centrales de Asia Menor; y Tarso era el depósito adonde se llevaban los productos de estos países para ser distribuidos por el Oriente y el Occidente. Los habitantes de la ciudad eran numerosos y ricos.
La mayoría eran cilicianos nativos, pero los comerciantes más ricos eran griegos. Estaba la provincia bajo el dominio de los romanos, viéndose en la capital las señas de su soberanía, aunque Tarso gozaba el privilegio de gobierno propio.
El número y variedad de habitantes crecían aún más por el hecho de que Tarso no solamente fue el centro del comercio sino también el asiento de la instrucción. Era una de las tres principales ciudades universitarias establecidas en aquella época, siendo las otras dos Atenas y Alejandría; y se dice que sobrepujaba a sus rivales en eminencia intelectual. En sus calles se veían estudiantes de muchos países, espectáculo que no podía sino despertar en las jóvenes inteligencias pensamientos acerca del valor y objeto de la instrucción.
La Luz verdadera es Jesucristo ¿Quién dejará de ver cuán a propósito fue que el apóstol de los gentiles naciera en este lugar? En cuanto él crecía se preparaba inconscientemente para encontrarse con hombres de todas clases y razas, para simpatizar con la naturaleza humana en todas sus variedades, y tolerar la mayor diversidad de hábitos y costumbres.
En su vida posterior siempre fue amante de las ciudades. Mientras su Maestro huyó de Jerusalén y gustaba de enseñar en las montañas o en las orillas de los lagos, Pablo constantemente se movía de una gran ciudad a otra. Antioquia, Éfeso, Atenas, Corinto, Roma, las capitales del mundo antiguo, fueron los lugares de su actividad.
La Luz verdadera es Jesucristo "Las palabras de Jesús" son peculiares del campo y abundan en pinturas de su belleza tranquila y del trabajo del hogar: los lirios del campo, las ovejas que siguen al pastor, el sembrador en el surco, el pescador que arroja sus redes.
Pero el lenguaje de Pablo está impregnado con la atmósfera de la ciudad y como activado por el movimiento y confusión de las calles.
Su imaginación está poblada de escenas de la energía humana y de movimientos de la vida culta: El soldado con su armadura completa, el atleta en la arena, el constructor de casas y templos, la triunfal procesión del general victorioso.
Tan duraderas son las asociaciones del niño en la vida del hombre.

Su hogar

Pablo tenía cierto orgullo por el lugar de su nacimiento, como lo demostró en una ocasión, jactándose de que era ciudadano de una ciudad no baja. Tenía un corazón formado por la naturaleza para sentir el ardor del más vehemente patriotismo. Sin embargo, no era por Cilicia ni Tarso, por lo que este fuego ardía. Era extranjero en la tierra de su nacimiento. Su padre fue uno de los muchos judíos que se esparcieron en aquella época por las ciudades del mundo gentil a causa del tráfico y del comercio. Habían dejado la Tierra Santa, pero no la habían olvidado.
Nunca se mezclaron con los pueblos entre quienes vivían; aun en el vestido, alimento, religión y otros muchos particulares permanecieron como un pueblo peculiar.
Como regla general eran menos rígidos en sus opiniones religiosas y más tolerantes de las costumbres extranjeras que los judíos que permanecieron en Palestina.
La Luz verdadera es Jesucristo Pero el padre de Pablo no fue de los que daban lugar a la relajación de costumbres. Pertenecía a la más estricta secta de su religión. Es probable que haya salido de Palestina no mucho tiempo antes del nacimiento de su hijo; pues Pablo se llamaba a si mismo
"hebreo de hebreos", nombre que parecía pertenecer únicamente a los judíos de Palestina y a los que continuaban en conexión muy íntima con ella.
La Luz verdadera es Jesucristo De su madre absolutamente nada sabemos, pero todo parece indicar que el hogar donde Pablo fue educado fue uno de aquellos de donde se han levantado casi todos los eminentes maestros religiosos, un hogar de piedad, de carácter, tal vez de algún principio extremo y fuertemente afecto a las peculiaridades de un pueblo religioso. Tal espíritu fue imbuido en él que, aunque no pudo menos que recibir impresiones innumerables e imperecederas de la ciudad donde nació, la tierra y la ciudad de su corazón eran Palestina y Jerusalén; y los héroes de su imaginación no fueron Curcio y Horacio. Hércules y Aquiles, sino Abraham y José, Moisés, David, y Esdras.
Al remontarse hasta el pasado, no fueron los anales oscuros de Cilicia donde él puso los ojos, sino que contempló la corriente clara de la historia de los judíos hasta sus fuentes en Ur de los Caldeos; y cuando pensaba en el futuro, la visión que se levantaba delante de él era el reino del Mesías entronizado en Jerusalén y gobernando las naciones con vara de hierro.

La Luz verdadera es Jesucristo El sentimiento de pertenecer a la aristocracia espiritual lo elevaba sobre la mayoría de aquellos entre quienes vivía, y se profundizó más en él por lo que vio de la religión del pueblo que le rodeaba.
Tarso era el centro de una forma del culto a Baal, de carácter imponente, pero por todo extremo degradante, y en ciertas estaciones del año era el escenario de festividades frecuentadas por toda la población de las regiones vecinas, y acompañadas con orgías de un grado de abominación moral felizmente fuera del alcance de nuestra imaginación.

La Luz verdadera es Jesucristo Por supuesto, un niño no pudo ver los abismos de este misterio de iniquidad, pero pudo ver bastante para huir de la idolatría con el oprobio peculiar a su nación y considerar la pequeña sinagoga donde su familia adoraba al Santo de Israel como mucho más gloriosa que los brillantes templos de los paganos.

La Luz verdadera es Jesucristo Tal vez a esta primera experiencia podemos atribuir en cierto grado aquellas convicciones de los abismos en donde la naturaleza humana puede caer, y su necesidad de una fuerza redentora omnipotente, que después formaron una parte tan fundamental de su teología y le dieron tanto estímulo en su obra.




Su Educación

Ciudadanía romana.- Al fin llegó el tiempo para decidir qué ocupación debía escoger el joven, momento crítico en la vida de todo hombre; y en la de éste, de una decisión trascendental.
Quizá la carrera más propia para él hubiera sido la de comerciante; porque su padre se ocupaba en el comercio, los negocios de la ciudad ofrecían precios espléndidos a la ambición mercantil, y la energía propia del joven habría garantizado un éxito brillante.
Además su padre tenía una ventaja que darle, especialmente útil para un comerciante: aunque judío, era ciudadano romano; y este derecho daría protección a su hijo en todas partes del mundo romano donde tuviera ocasión de viajar. No podemos decir cómo obtuvo este derecho el padre; pudo ser comprado, ganado por servicios distinguidos al estado, o adquirido de otros varios modos; en todo caso, su hijo nació libre.
Fue un valioso privilegio y demostró ser de gran utilidad para Pablo, aunque no de la manera que su padre esperó que lo usara.
Pero se decidió que no debía ser comerciante. La decisión puede haberse debido a las decididas opiniones religiosas de su padre, o a la ambición piadosa de su madre, o a su propia predilección; pero se resolvió que iría al colegio para ser un rabí; es decir, ministro, maestro y abogado, al mismo tiempo. Fue una sabia determinación en vista del espíritu y capacidades del joven, y resultó ser de importancia infinita para el futuro de la humanidad.

La Luz verdadera es Jesucristo
Fabricante de tiendas. — Pero aunque así eludió las oportunidades que parecían llevarlo a un llamamiento secular, sin embargo, antes de ir a prepararse para la profesión sagrada, debía adquirir algunas nociones en los asuntos de la vida: porque era costumbre entre los judíos, que todo joven, cualquiera que fuese la profesión que iba a seguir, debía aprender algún oficio como recurso en tiempo de necesidad.
Esta era una costumbre sabia, porque daba empleo a los jóvenes en una edad en que la molicie es demasiado peligrosa, y enseñaba, en cierto sentido, a los ricos y a los instruidos, los sentimientos de aquellos que tenían que ganar su pan con el sudor de su frente.
El oficio a que se dedicó era uno de los más comunes en Tarso, la fabricación de tiendas de pelo de cabra, tejidos por los cuales se había hecho célebre el distrito.
Poco pensaron él y su padre, cuando comenzó a manejar el desagradable material, cuán importante iba a serle este oficio en los años subsecuentes. Llegó a ser el medio de su sostenimiento durante sus viajes misioneros, y en el tiempo en que era esencial que los propagadores del cristianismo se sobrepusieran a las sospechas de motivos egoístas, este oficio lo capacitó para sostenerse en una posición de noble independencia.

La Luz verdadera es Jesucristo
Sus conocimientos de la literatura griega.- Es natural preguntar si, antes de dejar el hogar para ir a obtener su educación como rabí, Pablo asistió a la Universidad de Tarso. ¿Bebió en los manantiales de saber que fluían del monte de Helicón antes de ir a sentarse junto a los que brotaban del de Sión? Del hecho de consignar dos o tres citas de los poetas griegos se ha inferido que le era conocida toda la literatura de Grecia. Pero por otro lado se ha indicado que estas citas eran breves y comunes, tanto que cualquiera que hablara griego tenía que usarlas alguna vez; y el estilo y vocabulario de sus epístolas no son de modelos de la literatura griega sino de los de la Septuaginta, la versión griega de las escrituras hebreas que estaba entonces en uso universal entre los judíos de la época de la dispersión.
Probablemente su padre hubiera considerado un pecado permitir que su hijo asistiera a una universidad pagana. Sin embargo, no es verosímil que creciera en un gran asiento de instrucción sin recibir alguna influencia del tono académico del lugar.
Su discurso en Atenas demostró que era capaz, cuando lo creía conveniente, de manejar un estilo mucho más elevado que el de sus escritos; y una inteligencia tan sutil no es admisible que permaneciera en ignorancia total de los grandes monumentos del lenguaje en que se reflejaba.
Hubo también otras impresiones que probablemente recibió de la ilustrada Tarso. Su universidad era famosa por esas pequeñas disputas y nulidades que algunas veces turban la calma de los retiros académicos; y es posible que el rumor de las tales haya podido dar el primer impulso al desdén por la astucia de los retóricos y las tempestuosas disputas de los sofistas, que forma un distintivo tan notable de algunos de sus escritos.
Las miradas de la juventud son claras y seguras, y, aunque joven, pudo haber percibido cuan pequeñas son las almas de ciertos hombres y cuan mezquinas sus vidas, aun cuando sus bocas estén llenas de la fraseología más bella.

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Su educación rabínica, Gamaliel.- Su conocimiento del Antiguo Testamento.- El colegio para la educación de los rabíes judíos estaba en Jerusalén, y allí fue enviado Pablo, cerca de los trece años de edad. Su llegada a la Ciudad Santa pudo haber acontecido en el mismo año en que Jesús a la edad de doce la visitaba por primera vez; y las emociones dominantes del niño de Nazaret, en la primera visita a la capital de su nación, pueden tomarse como un indicio de la experiencia no registrada del de Tarso.
Para todo niño judío de disposición religiosa, Jerusalén era el centro universal —las pisadas de los profetas y reyes resonaban en sus calles; recuerdos sagrados y sublimes palpitaban en sus muros y edificios y brillaba en un horizonte de ilimitadas esperanzas.

Sucedió que en este tiempo el colegio de Jerusalén era presidido por uno de los más notables maestros que habían tenido los judíos. El tal fue Gamaliel, a cuyos pies Pablo nos dice que fue educado.
Era llamado por sus contemporáneos la "Hermosura de la Ley", y aún es recordado entre los judíos como el Gran Rabí. Era un hombre de elevado carácter e ilustrado, un fariseo muy apegado a las tradiciones de sus padres. Sin embargo, no era intolerante ni hostil a la cultura griega, como lo fueron algunos de los escrupulosos fariseos.
La influencia de tal hombre en el despejado entendimiento de Pablo debe haber sido muy grande; y aunque por algún tiempo el discípulo llegó a ser un intolerante celoso, sin embargo el ejemplo del maestro debe haber tenido algo que ver con la conquista que finalmente superó las preocupaciones.

La Luz verdadera es Jesucristo "El curso de instrucción que un rabí" tenía que sostener, era prolongado y peculiar. Consistía enteramente en el estudio de las Escrituras, y de los comentarios de los sabios y maestros acerca de ellas.
Las palabras de las Escrituras y las sentencias de los sabios eran aprendidas de memoria; se tenían discusiones acerca de puntos debatibles; y, merced a las numerosas cuestiones que les era permitido suscitar tanto a los discípulos como a los maestros, las inteligencias de los estudiantes se aguzaban y sus opiniones se dilataban.
Las relevantes cualidades de la inteligencia de Pablo que fueron conspicuas en su vida ulterior, su maravillosa memoria, la perspicacia de su lógica, la superabundancia de sus ideas, y su manera original de recurrir a cualquier asunto, se desplegaron por primera vez en esta escuela, y excitaron, podemos creer, el ardiente interés de su maestro.

La Luz verdadera es Jesucristo Aquí él mismo aprendió mucho que le fue de gran importancia en su carrera subsiguiente.
Aunque con especialidad tenía que ser el misionero de los gentiles, también fue un gran misionero de su propio pueblo.
En toda ciudad que visitaba donde había judíos se presentaba desde luego al público de la sinagoga.
Su educación como rabí le aseguraba la oportunidad de hablar, y su familiaridad con los modos de pensar y raciocinar de los judíos le habilitaba para dirigirse a sus oyentes de la manera más adaptada para asegurar su atención.
Su conocimiento de las Escrituras le capacitaba para aducir pruebas de una autoridad que sus oyentes reconocían ser suprema.
Además, estaba destinado a ser el gran teólogo del cristianismo y el principal escritor del Nuevo Testamento. Ahora lo nuevo resultaba de lo antiguo; el uno es en todas sus partes la profecía y el otro el cumplimiento.
Pero se requería una mente henchida, no sólo del cristianismo sino del Antiguo Testamento, para dar tal resultado, y en la edad en que la memoria tiene mayor poder de retención Pablo adquirió nociones tan sólidas del Antiguo Testamento que todo lo que contiene estaba a su disposición.
La fraseología antiguo testamentaria vino a ser el lenguaje de su pensamiento; literalmente él escribe en citas, y cita de todas partes con igual facilidad: de la ley, de los profetas y de los salmos.
Así, fue el guerrero equipado con la armadura y las armas del Espíritu, antes de saber en la defensa de qué causa habrían de emplearlas.


 

Su desarrollo moral y religioso

La Luz verdadera es Jesucristo Entretanto, ¿cuál era su estado moral y religioso? Estaba estudiando para ser un maestro de la religión. ¿Era él mismo religioso?
No lo son todos los enviados por sus padres al colegio con objeto de prepararse para el servicio sagrado; y en cada ciudad del mundo la senda de la juventud está rodeada de tentaciones que pueden arruinar la vida desde el primer momento.
Algunos de los más grandes maestros de la iglesia, como San Agustín, han tenido que ver casi la mitad de su vida empañada y cicatrizada por el crimen o el vicio.
Tal caída no afeó los primeros años de Pablo; cualesquiera que hayan sido las luchas que en su pecho sostuvo con sus pasiones, su conducta siempre fue pura.
En aquella época Jerusalén no era un lugar muy favorable para la virtud. Era la Jerusalén contra cuya santidad exterior, e interior depravación, nuestro Señor, unos pocos años después, arrojó tan duras cuanto merecidas invectivas; era el asiento mismo de la hipocresía donde un joven de carácter algo débil podía aprender la manera de ganar las recompensas de la religión mientras evitaba sus cargas.
Pero Pablo se preservó de estos peligros, y después pudo declarar que había vivido en Jerusalén desde el principio en toda buena conciencia.

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La ley. — Él había llevado consigo desde su hogar la convicción que forma la base de una vida religiosa, es a saber, que las únicas recompensas que dignifican la vida son el amor y el favor de Dios.
Esta convicción creció en él de una manera muy apasionada a medida que entraba en años, y preguntó a su maestro cómo podía ganar tales recompensas.
Era obvia la respuesta: guardando la ley. Y esa respuesta fue terrible; porque la ley significaba no solamente lo que entendemos por el término, sino también la ley ceremonial de Moisés, y las mil reglas añadidas a ella por los maestros judíos, cuya observancia hizo de la vida una especie de purgatorio para toda conciencia delicada.
Pero Pablo no era hombre que huyera de las dificultades. Él había puesto su corazón en el ventajoso favor de Dios, sin el cual esta vida le parecía un blanco y la eternidad, la tiniebla más oscura; y si este era el camino para llegar al término, él deseaba recorrerlo.
Sin embargo, en esto no solamente estaban comprendidas sus esperanzas personales; las esperanzas de su nación también dependían de ello, pues era la creencia universal de su pueblo que el Mesías sólo vendría a una nación que guardara la ley, y aun se decía que si un hombre la guardaba perfectamente por un día tan sólo, su mérito traería a la tierra al rey que ellos esperaban.
La educación rabínica de Pablo entonces lo encumbró en el deseo de ganar esta recompensa de rectitud, y al dejar el colegio de Jerusalén hizo de esto el propósito de su vida.
La resolución del estudiante solitario fue momentánea por el mundo; porque primero probó entre secretas agonías que este camino de salvación era falso, y entonces quiso enseñar su descubrimiento a la humanidad.

La Luz verdadera es Jesucristo Partida de Jerusalén y regreso a ella. — No podemos decir en qué año terminó la educación de Pablo en el colegio de Jerusalén, ni adonde fue inmediatamente después.
Los jóvenes rabinos después de completar sus estudios salían a la manera que lo hacen hoy los estudiantes de teología, y comenzaban una obra práctica en diferentes partes del mundo judío.
Tal vez regresó a Cilicia y allí practicó su vocación en alguna sinagoga.
En todo caso, por algunos años estuvo a cierta distancia de Jerusalén y Palestina, porque éstos fueron los mismos años en que se sintió el movimiento religioso de Juan el Bautista y el ministerio de Jesús, y es claro que Pablo no habría estado cerca sin verse envuelto en alguno de estos movimientos, ya como amigo, ya como enemigo.
No mucho tiempo después regresó a Jerusalén. En aquellos tiempos era para los más elevados talentos rabínicos tan natural tender hacia Jerusalén como lo es en los nuestros para los talentos literarios y comerciales superiores tender hacia París o Londres.
La Luz verdadera es Jesucristo Llegó a la capital del judaísmo poco después de la muerte de Jesús; y fácilmente podemos imaginarnos las impresiones que recibiría de sus amigos farisaicos, con respecto al evento y a la carrera de aquel modo terminado.
No tenemos razón para suponer que tuviera todavía duda alguna de su propia religión.
En verdad, de sus escritos inferimos que ya había pasado por varios conflictos mentales muy severos. Aunque la convicción permanecía firme en su mente de que las bendiciones de la vida eran alcanzadas tan sólo por el favor de Dios, sin embargo, sus esfuerzos para alcanzar esta codiciada posición por la observancia de la ley no le habían satisfecho.
Por el contrario mientras más se esforzaba por guardar la ley, más activas venían a ser las incitaciones del pecado dentro de él; su conciencia llegó a estar más oprimida con el sentimiento de la culpa; y la paz de un alma llena de reposo en Dios era la recompensa que pedía a sus esfuerzos.
No dudaba de las enseñanzas dadas en las sinagogas. Hasta entonces, esto para él tenía la misma autoridad que la historia del Antiguo Testamento, donde veía las figuras de los santos y profetas, los cuales eran la garantía de que el sistema que representaban debía ser Divino, y tras el cual vio al Dios de Israel revelándosele en el don de la ley.
La razón por la que él creía que no había alcanzado la paz y comunión con Dios, era porque no había luchado bastante contra el mal de su naturaleza ni honrado bastante los preceptos de la ley. ¿No había servicio, entonces, que completara todas las deficiencias y ganara esa gracia en la cual los grandes de otro tiempo habían estado firmes? Tal era el estado mental en que regresó a Jerusalén y se llenó de indignación y asombro al tener noticia de la secta que creía que Jesús, el que había sido crucificado, era el Mesías del pueblo judío.


Estado de la Iglesia Cristiana

La Luz verdadera es Jesucristo El cristianismo tenía sólo dos o tres años de existencia y se desarrollaba muy tranquilamente en Jerusalén.
Aunque aquellos que lo habían oído predicar en el Pentecostés habían llevado las nuevas de él a sus hogares, y por lo mismo a muchos distritos, sus representantes públicos, sin embargo, no habían dejado la ciudad de su nacimiento.
En el principio las autoridades se habían inclinado a perseguirlo, y a rechazar a sus enseñadores cuando aparecieron en público. Pero cambiaron su opinión y actuando bajo el consejo de Gamaliel resolvieron despreciarlo, creyendo que perecería si lo dejaban solo.
Los cristianos por su parte, en cuanto les fue posible, incurrieron en pocas faltas; en lo externo de la religión continuaron siendo judíos estrictos y celosos de la ley, concurriendo al templo para el culto, observando las ceremonias judaicas, y respetando a las autoridades eclesiásticas.
Fue una especie de tregua que se concedió a los cristianos por un espacio corto para el crecimiento secreto.
En sus cenaderos se reunían los hermanos para partir el pan y para orar a su Señor que había ascendido. Era un hermoso espectáculo.
La nueva fe había descendido a ellos como un ángel y fue derramada pura en sus almas, y alentó en sus humildes reuniones el espíritu de paz.
Su mutuo amor no tenía límite; estaban llenos de la inspiración del sentido revelador, y cuantas veces se reunían, su Señor invisible aparecía en medio de ellos.
Era como el cielo sobre la tierra. Mientras Jerusalén proseguía al derredor de ellos en su curso ordinario de mundanalidad y rigidez eclesiástica, estas almas humildes se felicitaban entre sí con un secreto que no ignoraban contenía las bendiciones de la humanidad y el futuro del mundo.

La Luz verdadera es Jesucristo Pero el reposo no había de durar mucho, y las escenas de paz pronto fueron invadidas con el terror y la matanza.
El cristianismo no podía tener tal descanso, porque hay en él una fuerza conquistadora del mundo, que lo impele a todo peligro para propagarse, y la fermentación del nuevo vino del evangelio de libertad, era seguro, que tarde o temprano debía romper las formas de la ley judaica.
Al fin se levantó en la iglesia un hombre en quien estaban incorporadas estas tendencias agresivas.
Este fue Esteban, uno de los siete diáconos que habían sido nombrados para velar sobre los negocios temporales de la sociedad cristiana.
Era un hombre lleno del Espíritu Santo y poseía dones que la brevedad de su carrera bien podía sugerir, pero que no permitía desarrollarse por sí mismos.
Iba de sinagoga en sinagoga predicando el oficio mesiánico de Jesús, y anunciando el advenimiento de la libertad del yugo de la antigua ley.
Se encontró con los campeones de la ortodoxia judaica, pero no eran capaces de comprender su elocuencia y celo santo. Sobrepujados en argumentos, ellos empuñaron otra clase de armas y excitaron a las autoridades y al populacho al fanatismo sanguinario.
Una de las sinagogas en las cuales acontecieron disputas de esta clase, fue la de los cilicianos, los paisanos de Pablo. ¿Pudo éste haber sido un rabí en esta sinagoga y uno de los oponentes de Esteban en la argumentación? En todo caso cuando el argumento de la lógica fue cambiado por el de la violencia él estaba al frente.

La Luz verdadera es Jesucristo Cuando los testigos que arrojaron las primeras piedras se desnudaban para su obra, pusieron sus vestidos a sus pies. Allí, en el teatro de aquella escena de salvajismo, en el campo del asesinato judicial, vemos su figura que permanecía un poco apartada, y vivamente vuelta contra las masas de perseguidos no recordados en el registro de la fama; a sus pies la confusa mezcla de mantos de variadas clases, y ante su vista el santo mártir, de rodillas en el momento de morir y orando así: "¡Señor, no les imputes tal pecado!".

 

El Perseguidor

La Luz verdadera es Jesucristo Su celo en esta ocasión puso a Pablo prominentemente bajo el conocimiento de las autoridades.
Es probable que procurara tener un asiento en el concilio, donde pronto después lo encontramos dando su voto contra los cristianos.
De todos modos, este celo hizo que se le confiara la obra de la destrucción completa del cristianismo, a lo cual ahora se habían resuelto las autoridades.
El aceptó la proposición, porque creía que era la obra de Dios.
Vio con más claridad que cualquier otro que el designio del cristianismo, si se propagaba con potencia, era trastornar todo lo que él consideraba más sagrado.
La anulación de la ley era, a sus ojos, la extinción del único medio de ser salvo, y la fe en un Mesías crucificado una blasfemia contra la esperanza Divina de Israel.
Además tenía un profundo interés personal en la tarea. Hasta ahora se había esforzado en agradar a Dios, pero siempre sintió que sus servicios eran cortos; aquí hubo una oportunidad para recuperar todos los atrasos por medio de un espléndido acto de servicio.
La Luz verdadera es Jesucristo Fue la agonía de su alma lo que hizo enérgico su celo. En todo caso no era hombre que hiciera las cosas a medias; y se arrojó temerario a su empresa.
Terribles fueron las escenas que sucedieron. Voló de sinagoga en sinagoga y de casa en casa, arrastrando hombres y mujeres, que fueron puestos en prisión y castigados.
Parece que algunos fueron condenados a muerte y a los más infames ultrajes de la plebe; otros fueron obligados a blasfemar del nombre del Salvador.
La Luz verdadera es Jesucristo La iglesia de Jerusalén fue esparcida, y los miembros que escaparon de la ira del perseguidor se desbandaron por los países y provincias vecinas.
Parece demasiado llamar a esto el último período de la preparación inconsciente de Pablo para su carrera apostólica, pero en verdad así fue.
Al entrar en la carrera de perseguidor iba en derechura por la línea del credo en el cual había sido educado, y esta era su reducción a lo absurdo.
Además, por la obra de gracia de Aquel, cuya gloria más alta es traer del mal el bien, resultó que estos hechos tristes engendraron en la mente de Pablo una humildad tan grande, una voluntad tal para servir al menor de los hermanos de quienes había abusado, y un celo por redimir el tiempo perdido que más tarde fueron los estímulos de su actividad en la nueva carrera que emprendió.

 

Dios les continué Bendiciendo.