FUNDACIÓN TU NUEVA ALEGRÍA

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viernes, 31 de mayo de 2013

La Vida del Apóstol Pablo 

Capítulo 4: 

SU EVANGELIO


En Esta entrega veremos:

 

Su permanencia en Arabia
El fracaso de la justificación humana
La caída, la causa fundamental del fracaso
La justificación de Dios
Las peculiaridades notables del evangelio de Pablo



Su Permanencia en Arabia

Cuando un hombre ha sido repentinamente convertido, como Pablo, por lo general es guiado por un fuerte impulso a dar testimonio de su caso.
Tal testimonio es muy impresionante, porque es el de un alma que está recibiendo sus primeras luces de las realidades del mundo invisible; y hay tal viveza en el informe que da de ellas, que produce los efectos irresistibles de la realidad y la evidencia.
No podemos decir con certeza si Pablo se entregó de una vez a este impulso o no.

El lenguaje del Libro de los Hechos, donde se dice que "luego predicó a Cristo en las sinagogas", nos conduciría a suponerlo.
Pero aprendemos de sus escritos, que hubo otro impulso poderoso que al mismo tiempo tenía influencia sobre él; y es difícil averiguar a cuál de los dos obedeció primero.
Este impulso fue el deseo de retirarse a la soledad y profundizar el significado y los resultados de lo que le había acaecido.
No sería extraño que él considerara esto como una necesidad. Había sido ejemplarmente leal a su primer credo y lo había consagrado todo a él; pero verlo de repente despedazado debe haber sido cosa que le trastornó de un modo muy severo.
La nueva verdad que le había iluminado fue tan penetrante y revolucionaria que no podía ser entendida de una vez en todas sus relaciones.
Pablo era un pensador de nacimiento. No le era suficiente experimentar alguna cosa; tenía que comprenderla y ajustaría a la estructura de sus convicciones.
Por este motivo, inmediatamente después de su conversión, partió, según él mismo nos lo dice, para Arabia.
En verdad no expresa el objeto que le llevó allá; pero como no hay ningún registro de sus predicaciones en aquel país, y la declaración de su viaje se halla en medio de una vehemente defensa de la originalidad de su evangelio, podemos concluir con una muy considerable certeza, que se retiró con el fin de comprender las relaciones y los detalles de la revelación de que había sido hecho poseedor.
En el silencio de su retiro solitario formuló su importantísima consulta, y cuando volvió a los hombres, ya estaba en posesión de aquel juicio del cristianismo que tan peculiar le fue, y que más tarde formó el tema de sus predicaciones.

Hay alguna duda en cuanto al lugar preciso de su retiro, porque Arabia es una palabra de vago y variable significado.
Pero más probablemente denota la Arabia de las peregrinaciones, cuyo punto de cita principal !Fue el Monte Sinaí!
Era éste un recinto santificado por grandes memorias y por la presencia de varios de los prohombres de la revelación. Aquí Moisés había visto la zarza ardiendo, y se había comunicado con Dios en la cima de la montaña. Aquí Elías se había retirado, perdida la esperanza, y bebido de nuevo en las fuentes de la inspiración.
¿Qué lugar hubiera sido más a propósito para las meditaciones de este sucesor de aquellos hombres de Dios?
En los valles donde el maná cayó, y a la sombra de las cumbres que habían ardido a los pies de Jehová, profundizó el problema de su vida.
Es un gran ejemplo, pues la originalidad en la predicación de la verdad religiosa depende de la intuición solitaria de ella.
Pablo gozó de la especial inspiración del Espíritu Santo; pero esto no hizo innecesaria la actividad concentrada de su mente, sino la hizo más intensa; y la claridad y certidumbre de su evangelio fueron debidas a estos meses de meditación en el desierto.

Su retiro puede haber durado un año o más; porque entre su conversión y su partida final de Damasco, adonde volvió desde Arabia, pasaron tres años, y uno de ellos, a lo menos, fue empleado en el camino.

No tenemos registro detallado de cuáles eran los bosquejos de su evangelio, hasta un período muy posterior a éste; pero como dichos bosquejos, cuando se distinguen por primera vez, son sólo un trasunto de las características de su conversión, y como su intelecto trabajó mucho y poderosamente en la interpretación de este evento en aquel período, no puede dudarse de que el evangelio bosquejado en las Epístolas a los Romanos y a los Gálatas era en sustancia el mismo que había predicado desde el principio. Estamos seguros en inferir de estos escritos nuestra historia de sus meditaciones en Arabia.

 El fracaso de la justificación humana

El punto de partida del pensamiento de Pablo era todavía la convicción, heredada de generaciones piadosas, de que el verdadero fin y la felicidad del hombre consisten en gozar del favor de Dios.
Este fin había de ser alcanzado por la justicia: solamente con los justos podía Dios estar en paz; y solamente a ellos podía favorecer con su amor.
Por esta razón, alcanzar la justicia debía ser el móvil principal del hombre.
Pero el hombre no había alcanzado la justicia, y por ello había perdido el favor de Dios, y se había expuesto a su ira.
Pablo prueba esto llamando la atención hacia el cuadro de la historia de los hombres en los tiempos precristianos, en sus dos grandes secciones, la de los gentiles y la de los judíos.

El fracaso de los gentiles.- Los gentiles fracasaron. Podía, en verdad, suponerse que no habían tenido las condiciones preliminares para buscar la justicia, porque no gozaron de la ventaja de una revelación especial.
Pero Pablo sostiene que aun los gentiles conocen bastante de Dios para tener conciencia del deber de buscar la justicia.
Hay una revelación natural de Dios en sus obras, y en el íntimo sentido humano, suficiente para iluminar a los hombres en cuanto a este deber. Pero los gentiles, en vez de hacer uso de esta luz, la extinguieron culpablemente.
No quisieron retener a Dios en su conocimiento ni conformarse con las restricciones que está sola noción les imponía.
Corrompieron la idea de Dios para proporcionarse los goces de una vida inmoral.
La venganza de la naturaleza vino sobre ellos en el oscurecimiento y la confusión de sus inteligencias.
Cayeron en la insensatez de cambiar la naturaleza gloriosa e incorruptible de Dios en la imagen de hombres y bestias, aves y reptiles.
A esta degeneración intelectual siguió una degeneración moral más profunda. Dios, cuando ellos le abandonaron, les abandonó a ellos también; y cuando su gracia restrictiva fue quitada, cayeron en los abismos de la podredumbre moral.
La concupiscencia y la pasión les dominaron, y su vida llegó a ser una masa de enfermedades morales.
Hacia el fin del primer capítulo de la
epístola a los Romanos las características de su condición son bosquejadas en colores que podían haberse tomado de la habitación de los demonios, pero que fueron tomados literalmente, como se prueba con toda claridad por las páginas aun de los historiadores gentiles, de la condición de las naciones paganas cultas en aquel tiempo.
Esta, entonces, era la historia de una mitad del género humano: había caído enteramente de la justicia, y se expuso a la ira de Dios, que es revelada del cielo contra toda injusticia de los hombres.

El fracaso de los judíos. — Los judíos componían la otra mitad del mundo. ¿Habían tenido éxito donde los gentiles habían fracasado? Gozaron, en verdad, de grandes ventajas sobre los gentiles, porque poseyeron los oráculos de Dios, en los cuales la naturaleza Divina fue exhibida en una forma que la hizo inaccesible a la perversión humana, y la ley Divina fue escrita con igual claridad en la misma forma.
¿Pero habían aprovechado estas ventajas? Una cosa es saber la ley, y otra cumplirla; y la justicia consiste en cumplirla, no en saberla. Entonces,
  ¿habían cumplido la voluntad de Dios, la cual conocieron? Pablo había vivido en la misma Jerusalén en donde Jesús atacó la corrupción e hipocresía de los escribas y fariseos; había examinado íntimamente las vidas de los representantes de su nación; y no vacila en acusar a los judíos en masa de los mismos pecados que a los gentiles; va todavía más allá: dice que por ellos el nombre de Dios fue blasfemado entre los gentiles.
Se jactaban de su conocimiento, y de ser los que llevaban la antorcha de la verdad, cuya llama resplandeciente sacó a luz los pecados de los paganos.
Pero su religión era una crítica amarga de la conducta de otros. Se olvidaron de examinar su propia conducta a la luz de la misma antorcha; y mientras repetían,
"no hurtes", "no cometas adulterio", y una multitud de otros mandamientos, ellos mismos eran culpables de estos pecados.
En estas circunstancias, ¿qué bien reportaban de sus conocimientos? Solamente les condenaron más; porque su pecado era en contra de la luz.
Mientras los paganos conocían tan poco que sus pecados eran comparativamente inocentes, los pecados de los judíos eran conscientes y presuntuosos.
La superioridad de que se jactaban se convirtió por esta razón en inferioridad. Fueron mucho más condenados que los gentiles a quienes despreciaron, y se expusieron a una maldición más pesada.

La caída, la causa fundamental del fracaso.

La verdad es que tanto los gentiles como los judíos habían fracasado por una misma razón.
Seguid estas dos corrientes hasta los manantiales de su origen y llegaréis a un punto donde no son dos corrientes sino una y antes que la bifurcación aconteciera, algo había sucedido que predeterminó el fracaso de ambos.
En Adán todos cayeron, y de él todos, tanto gentiles como judíos, heredaron una naturaleza demasiado débil para alcanzar la justicia.
La naturaleza humana es carnal ahora, no espiritual. Y por esto no es capaz de esta acción espiritual suprema.
La ley no pudo alterar esto; no tuvo poder creador para hacer de lo carnal espiritual; al contrario agravó el mal; en realidad, multiplicó las ofensas, porque su descripción plena y clara de los pecados, que hubiera sido una incomparable guía para la naturaleza normal y sana, se convirtió en tentación para la naturaleza morbosa.
El mismo conocimiento del pecado impele a hacerlo; el mismo mandamiento de no hacer alguna cosa es para la naturaleza enferma una razón de hacerla.
Este fue el efecto de la ley: multiplicó y agravó las transgresiones y este fue el intento de Dios.
No que fuera el autor del pecado, sino que como un hábil médico, que algunas veces tiene que usar ciertas medicinas para madurar una llaga antes de curarla, así Dios permitió que los paganos siguieran su propio camino, y dio a los judíos la ley para que el pecado de la naturaleza humana exhibiera todas sus cualidades inherentes antes de intervenir en su curación.
La curación, sin embargo, fue su constante y real propósito; les encerró a todos bajo el pecado para tener de todos también misericordia.

La justificación de Dios

La desesperación del hombre fue la oportunidad para Dios. No, en verdad, en el sentido de que habiendo fracasado un modo de salvación, Dios inventara otro.
La ley nunca, en su intento, había sido un modo de salvación; fue solamente un medio de ilustrar la necesidad de la salvación.
Pero el momento en que esta demostración llegó a ser completa, fue la señal para que Dios manifestara el método que había guardado en su consejo durante las generaciones de la prueba humana.
Nunca había sido su intento permitir que el hombre fracasara en su verdadero fin, solamente dio tiempo para probar que el hombre caído nunca podía alcanzar la justificación por sus propios esfuerzos; y cuando se hubo demostrado que la justificación del hombre era imposible, reveló su secreto, la justificación de Dios.

Este fue el cristianismo. Esta fue la suma, y éste fue el resultado de la misión de Cristo: conferir al hombre, como un don gratuito, lo que es indispensable para su felicidad, pero que él mismo no ha podido alcanzar.
Es un acto Divino; es la gracia; y el hombre lo obtiene reconociendo que él mismo no ha podido alcanzarlo, y aceptándolo de Dios. Se obtiene por la fe solamente. Es la justificación de Dios por la fe en Jesucristo para todos los que creen.
Aquellos que así la reciben entran desde luego en la posesión de la paz y favor de Dios, que es en lo que consiste la felicidad humana y que fue el fin que tenía delante Pablo cuando se esforzaba en alcanzar la justificación por la ley.
  "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios".
Es una vida brillante de gozo, paz, y esperanza la que disfrutan aquellos que han llegado a conocer este evangelio.
Puede haber pruebas en ella; pero cuando la vida del hombre descansa en la adquisición de su verdadero fin, las pruebas son ligeras, y todas las cosas actúan juntamente para bien.
Esta justificación de Dios es para todos los hijos de los hombres. No para los judíos solamente, sino para los gentiles también.
La demostración de la incapacidad del hombre para alcanzar la justificación fue hecha de acuerdo con el propósito Divino en ambas secciones de la raza humana, y su cumplimiento fue la señal para la exhibición de la gracia de Dios igualmente a ambas.

La obra de Cristo no fue para los hijos de Abraham, sino para los hijos de Adán. Como en Adán todos murieron, así todos en Cristo vivirán.
Los gentiles no tenían necesidad de sujetarse a la circuncisión y guardar la ley para poder ser salvos, porque la ley no era parte de la salvación; perteneció enteramente a la demostración preliminar del fracaso del hombre; y cuando había cumplido este servicio, estuvo lista para desaparecer.
La única condición humana de obtener la justificación de Dios, es la fe; y esta condición es tan accesible al gentil como al judío.
Esta fue una deducción de la propia experiencia de Pablo. En su conversión había sido tratado, no como judío sino como hombre.
Ningún gentil hubiera tenido menos derecho de obtener la salvación por los propios méritos que él.
Pero la ley, lejos de conducirle un solo paso hacia la salvación, le había apartado todavía más de Dios que a cualquier gentil, y le había arrojado en una condenación más profunda.
Entonces, ¿para qué aprovecharía a los gentiles estar colocados en tal puesto? Para obtener la justificación, en la cual ahora Pablo se regocijaba, no había hecho nada que no hubiera estado en el poder de todo ser humano.

Fue este amor universal de Dios, revelado en el evangelio, lo que inspiró a Pablo su ilimitada admiración del cristianismo.
Sus simpatías habían sido restringidas y limitadas a una concepción mezquina de Dios. La nueva fe libertó su corazón y lo sacó al aire libre y puro.
Dios vino a ser un nuevo Dios para él. Llama su descubrimiento el misterio que había sido escondido por edades y generaciones, pero que había sido revelado a él y a los demás apóstoles.
Le pareció ser el secreto de los tiempos y estar destinado para inaugurar una nueva era, mucho mejor que cualquiera otra que el mundo hubiera visto.
Lo que los reyes y profetas no habían conocido, le había sido revelado a él. Se le presentó como la mañana de una nueva creación.
Dios ofrecía ahora a todos los hombres la suprema felicidad de la vida; aquella justificación por la que se habían esforzado en vano en las edades pasadas.
Este secreto de la nueva época, en realidad, no había sido totalmente ignorado en los tiempos anteriores. Había sido atestiguado por la ley y por los profetas.
La ley pudo dar testimonio de él sólo negativamente, por la demostración de su necesidad.
Pero los profetas lo anticiparon de un modo positivo.
David, por ejemplo, describió la bienaventuranza del hombre a quien Dios ha imputado la justificación sin obras.
Todavía más claramente Abraham lo había anticipado. Fue un hombre que alcanzó la justificación, y no por las obras, sino por la fe. Creyó en Dios, y le fue imputado a él para justificación.
La ley nada tenía que ver con su justificación, porque no existió hasta cuatro siglos después; ni la circuncisión tenía que ver con ella, porque fue justificado antes que este rito se instituyera.

En resumen, fue como hombre y no como judío que fue tratado por Dios, y Dios pudo tratar a cualquier ser humano de la misma manera.
El camino escabroso de la justificación legal, sagrado en concepto de Pablo, le había hecho pensar alguna vez que Abraham y los profetas lo habían recorrido antes que él.
Ahora conoció que su vida de místico gozo y sus salmos de santa calma fueron inspirados por experiencias muy diferentes, las cuales ahora estaban difundiendo la paz del cielo también en su corazón.
Pero solamente los primeros rayos de la mañana habían sido vistos por ellos; el día perfecto había llegado en el tiempo de Pablo.
El descubrimiento de Pablo de este camino de la salvación fue una experiencia actual.
Conoció simplemente que Cristo, en el momento en que lo encontró, le había colocado en aquella posición de paz y favor con Dios que tanto había buscado en vano; y en cuanto pasó el tiempo, sintió más y más que en esta posición estaba disfrutando la verdadera felicidad de la vida.
De aquí en adelante su misión sería proclamar este descubrimiento en su realidad simple y concreta bajo el nombre de la justificación de Dios.
Pero un entendimiento como el suyo no pudo menos que preguntar cómo la posesión de Cristo había hecho tanto para él.
En el desierto de Arabia estudió esta cuestión, y el evangelio que predicó después contenía la respuesta luminosa.

De Adán sus hijos reciben una triste doble herencia: una deuda de culpas que no pueden reducir, pero que, en cambio, está creciendo constantemente, y una naturaleza carnal incapaz de alcanzar la justificación.
Estas son las dos características de la condición religiosa del hombre caído, y son la doble fuente de todas sus miserias.
Pero Cristo es un nuevo Adán, una nueva cabeza de la humanidad; y aquellos que están unidos con Él por la fe llegan a ser herederos de una doble herencia de clase precisamente opuesta.
Por un lado, como por nuestro nacimiento en la línea del primer Adán heredamos la culpa inevitablemente, así por nuestro nacimiento, en la línea del segundo conseguimos una herencia ilimitada de méritos, que Cristo, como la cabeza de su familia, hace de propiedad común para sus miembros.
Esto extingue la deuda de nuestra culpa y nos hace ricos en la justificación de Cristo. "Como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así por la obediencia del otro los muchos serán constituidos justos".
Por otro lado, de la misma manera que Adán trasmitió a su posteridad una naturaleza carnal alejada de Dios e incapaz para la justificación, así el nuevo Adán imparte a la raza, de la que es Cabeza, aquella naturaleza espiritual inclinada hacia Dios y que se goza en la justificación.

La naturaleza del hombre, según Pablo, consta normalmente de tres elementos:
Cuerpo, alma y espíritu. En su constitución original, estos ocuparon relaciones definidas de superioridad y subordinación unos respecto de otros, siendo supremo el espíritu, inferior el cuerpo, y ocupando el alma una posición media.
Pero la caída desarregló este orden, y todos los pecados consisten en la usurpación por el cuerpo o el alma del lugar del espíritu.
En el hombre caído, estas dos secciones inferiores de su naturaleza, que juntas forman lo que Pablo llama la carne, o sea aquel lado de la naturaleza humana que mira hacia el mundo y hacia el tiempo, han tomado posesión del trono y gobiernan completamente la vida; mientras el espíritu, el lado del hombre que ve hacia Dios y hacia la eternidad, ha sido destronado y reducido a la condición de ineficacia y muerte.
Cristo restaura la superioridad perdida del espíritu del hombre, tomando posesión de él por su propio Espíritu.
Su Espíritu mora en el espíritu humano, vivificándolo y sustentándolo con una fuerza tan creciente que llega a ser más y más la parte suprema de la constitución humana.
El hombre cesa de ser carnal y llega a ser espiritual. Es guiado por el Espíritu de Dios y viene a estar más y más en armonía con todo lo que es Santo y Divino.
Pero la carne no se sujeta fácilmente a la pérdida de la supremacía. Interrumpe y obstruye la marcha progresiva del espíritu, y lucha para volver a tomar posesión del trono.
Pablo ha descrito con viveza terrible esta lucha en la que todas las generaciones de los cristianos han reconocido los caracteres de su experiencia más profunda.
Mas el resultado de la lucha no es dudoso. El pecado no volverá a tener dominio sobre aquellos en quienes el Espíritu de Cristo mora, ni les alejará de su posición en el favor de Dios.

  Las peculiaridades notables del evangelio de Pablo

Tales son los bosquejos sencillos del evangelio que Pablo trajo consigo de la soledad de Arabia, y que después, con entusiasmo incansable predicó.
Este evangelio no pudo menos que ser mezclado en su mente y en sus escritos con las peculiaridades de su propia experiencia como judío, y éstas hacen difícil para nosotros comprender su sistema en algunos de sus detalles.
La creencia en la cual había sido educado, de que ningún hombre podía ser salvo sin hacerse judío, y las nociones acerca de la ley, de las que tuvo que librarse, están muy distantes de nuestras simpatías modernas.
Sin embargo, su teología no pudo formularse en su entendimiento, sino en contraste con estas concepciones falsas.
Esto posteriormente vino a ser todavía más inevitable cuando se encontró con sus antiguos errores sirviendo como lemas de un partido dentro de la misma iglesia cristiana contra el cual tuvo que hacer una larga y obstinada guerra.
Aunque este conflicto le forzó a expresar con mayor claridad sus opiniones, las embarazó con referencias a sentimientos y creencias que ahora han perdido su interés entre los hombres.
Pero a pesar de estos obstáculos, el evangelio de Pablo sigue siendo una propiedad de valor incalculable para la raza humana.
Su investigación profunda del fracaso y de las necesidades de la naturaleza humana, su maravilloso desenvolvimiento de la sabiduría de Dios en la educación del mundo precristiano, y su presentación de la profundidad y universalidad del amor Divino, figuran entre los elementos más notables de la revelación.

Pero es en su manera de concebir a Cristo en lo que el evangelio de Pablo lleva su corona imperecedera.
Los evangelistas bosquejaron con numerosas características de hermosura simple y conmovedora la manera de la vida terrestre del hombre Jesús, y en éstos se buscará el modelo de la conducta humana; pero para Pablo fue reservada la tarea de hacer conocer en sus alturas y profundidades la obra que el Hijo de Dios cumplió como Salvador de la raza.
Pocas veces se refiere a los incidentes de la vida terrestre de Cristo, aunque aquí y allí manifiesta que los conoció bien.
Para él, Cristo fue siempre el Ser Glorioso, brillando con el resplandor del cielo, que le había aparecido en el camino de Damasco, y el Salvador que le había elevado a la paz y gozo celestiales de la nueva vida.

 Cuando la iglesia de 'Cristo piensa en su Cabeza como libertador del alma del pecado y de la muerte, como influencia espiritualizadora que siempre está con ella y actúa siempre en cada uno de los creyentes, y como Señor sobre todas las cosas, el cual vendrá otra vez aparte de pecado para salvación, lo hace en formas de pensamiento dadas por el Espíritu Santo por instrumentalidad de Pablo.


Dios les continué Bendiciendo.

 

lunes, 27 de mayo de 2013




CLAVES PARA EL ÉXITO EN EL TRABAJO

Entre los muchos libros que tratan acerca del éxito y cómo alcanzarlo, hay uno que no suele tenerse en cuenta. Dicho libro revela secretos que conducen al verdadero éxito en el trabajo. Y no se limita sólo a ese tema, sino que también nos enseña a mejorar nuestro matrimonio, fortalecer nuestras relaciones familiares y las amistades, a criar hijos sanos y felices, y a alcanzar el éxito en todos los demás aspectos de la vida. ¿A quién no le interesa un libro así?

Bueno... ¡este libro es nada más ni nada menos que la Biblia! Pensando específicamente en el ámbito laboral, ¿qué dice la Biblia en relación a cómo alcanzar el éxito en el trabajo? He aquí algunas claves: 

“Deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud”. (3ra. Juan 3:2).
Dios no quiere que tengamos problemas por el trabajo, ni que pasemos por largos períodos de desempleo, ni que estemos descontentos con el trabajo que hacemos.

“¡Anda, perezoso, fíjate en la hormiga! ¡Fíjate en lo que hace, y adquiere sabiduría! con todo, en el verano almacena provisiones y durante la cosecha recoge alimentos”. (Proverbios 6:6, 8).
¡Los diligentes y esforzados salen adelante!

“Y todo lo que te venga a la mano, hazlo con todo empeño”. (Eclesiastés 9:10).
¡Trabajemos con dedicación, sin necesidad de que nos vigilen!

“Cuando Dios aprueba la conducta de un hombre, hasta con sus enemigos lo reconcilia”. (Proverbios 16:7). Si hacemos lo máximo por obedecer a Dios, Él puede ablandar – por ejemplo – el corazón de un jefe injusto.

Si hay tensiones y discusiones entre los compañeros de trabajo, Proverbios 15:1 enseña: -“La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego”.

Cuando ponemos nuestra vida y nuestro futuro en las manos de Dios, Él se encarga de que las circunstancias nos favorezcan. Dios puede ayudarnos a conseguir un buen trabajo, a mejorar en nuestro trabajo actual, quiere y puede suplir nuestras necesidades básicas abriéndonos puertas que hasta ahora estaban bloqueadas.

¡Ponga su confianza en Dios! Permita que Jesucristo intervenga en su historia y cambie los fracasos en éxitos.

Dios te ha hecho entender con claridad que eres de su Propiedad Exclusiva... Acaso no has notado en la forma tan Personalizada con la que te trata?
No en vano has venido recibiendo esa Formación tan específica y especial, aún en medio de tantas circunstancias tan Inexplicables...
Además te ha mostrado esos Proyectos grandes que tiene para ti, aunque NO los merezcas o NO los consideres posibles para su realización...
Has recibido esos consejos Sabios y Oportunos de Su parte,  para que los Ejecutes sin temor...

Dios NO se equivoca y si Él te ha dado esas Indicaciones especificas, entonces HAZLAS...
Llévalas a su realización. Mira que los recursos, Aunque Sean Pocos y Limitados, allí los tienes...

Los grandes hombres y mujeres empleados por Dios a lo largo de la historia, llegaron exitosamente a la meta por su FE y su OBEDIENCIA...

Haz lo que Dios te pida, sin Limitar su poder.
Cree en Él...
Créele a Él...
Toda la ayuda adicional que estés necesitando, Él sabrá Como te la proporcionara aunque Ahora te encuentres con toda clase de limitaciones a tu alrededor...
Dios te garantiza que su Acción Poderosa estará obrando y respaldándote a lo largo de todos tus acontecimientos...

Haz lo que Dios te pida, porque nadie será capaz de oponerse a todo lo que Él ya decidió para ti...

HAZLO...!!!   DIOS TE ESTARÁ RESPALDANDO. Para Bendecirte rica y poderosamente, en todo.

Conoce más de Dios y las respuestas que Él tiene para ti a su debido tiempo y cuando te sea más beneficioso recibirlas, visitando nuestro sitio web en:
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DIOS TE BENDIGA 

jueves, 9 de mayo de 2013



Para Todas las Madres del Mundo

Como un homenaje para todas las Madres del mundo que en día de hoy se les brinda este tributo celebrando el día de la Madre, aunque para mí se debería celebrar todos los 365 días del año por la dedicación, amor y entrega abnegada que desde su vientre nos han demostrado, una Flor para una madre, y un pensamiento nacido del corazón.
Porque desde que nacemos nos alimentan, porque desde que caminamos no alientan Y cuando sufrimos nos abren su corazón.
Para ese ser maravilloso que Dios nos presta por el tiempo que Él lo indique reciban este homenaje salido de lo más profundo de mi corazón…
De: Tu Nueva Alegría


PARA TI, MAMÁ

Cuantas veces has estado
Sin que nadie te observara,
De rodillas y a su lado,
Orando junto a su cama.

Cuantas veces has llorado
Por el hijo de tu alma,
Cuantas veces le has llevado
Ante el Padre de la Gracia.

Cuantas noches esperando
Que la fiebre le pasara,
Cuantos desvelos y llantos
Ocultos tras tu mirada.

Cuantas veces le has pedido
Que tenga su vida en calma,
Que siempre acuda ante Él
Al despertar la mañana.

Por esa niña preciosa
Cuya sonrisa te embarga,
Y tus ojos se humedecen
De emociones encontradas.

Y la miras con ternura,
Y la besas, y la abrazas,
Y juegas con ella, y luego
oras con ella en la cama.

Y sus ojos ya se cierran
Y la acaricias, y clamas
A Dios, que su sueño guarde
Y nada turbe su alma.

Y en silencio te retiras
Y tras la puerta entornada,
Una lágrima, despacio,
Por tu mejilla resbala.

Lágrima de gratitud
Al que cuida de su alma,
Pues te dio ese bello don
De cuidar a tu hija amada.

Y después, en el salón
A un cuadro va tu mirada,
A esas caritas tan tiernas
Que tu rostro encandilara.

Y los presentas a Dios
Y de alabar no descansas,
Pues los hijos que Él te diera
Lo hiciera, por pura Gracia.

Por eso quiero rendir,
Desde el fondo de mi alma,
Un homenaje a las Madres
Que escuchan, lloran y callan.

Que rompen ese silencio
De la noche tan cerrada,
Con esos cantos al Cielo
Dando por ellos, mil gracias.

A las Madres en este su día
Con gozo quiero decir:
SI DIOS OS AMA Y APRUEBA
¿Qué MÁS PUEDO... YO PEDIR?
Dios te Bendiga hoy mañana y por siempre.

FELIZ DÍA DE LA MADRE

martes, 30 de abril de 2013

La Vida y Obra del Apóstol Pablo

Capítulo 3  

Su Conversión

La severidad de su persecución

La esperanza del perseguidor era exterminar completamente el cristianismo. Pero él comprendía poco de la índole de este último. No sabía que crece por la persecución, y que la prosperidad a menudo le ha sido fatal, más la persecución nunca. "Los que eran esparcidos iban por todas partes predicando la palabra."
Hasta entonces la iglesia había estado limitada dentro de los muros de Jerusalén; pero ahora, en toda Judea y Samaria, y en la lejana Fenicia y Siria, el faro del evangelio comenzó a esparcir luz entre las tinieblas, y en muchos pueblos y aldeas dos y tres se reunían en un salón, para impartirse unos a otros el gozo del Espíritu Santo.

La Luz Verdadera es Jesucristo Podemos imaginarnos cuánta ira sentiría el perseguidor ante la noticia de estas erupciones del fanatismo que él había esperado demoler.
Pero él no era persona capaz de darse por vencida, y resolvió perseguir a los que eran objeto de su odio aun en los más oscuros y apartados escondites.
De consiguiente, en cada ciudad, una después de otra, aparecía, armado con los aparatos del inquisidor, para llevar a cabo su sanguinario propósito.
Habiendo oído que Damasco, la capital de Siria, era uno de los lugares donde los fugitivos habían encontrado refugio, y que llevaban adelante su propaganda entre los numerosos judíos de aquella ciudad, él fue al príncipe de los sacerdotes, quien tenía jurisdicción sobre los judíos tanto fuera como dentro de Palestina, y obtuvo cartas que le autorizaban para perseguir y traer atados a Jerusalén a todos los que allí encontrara que hubiesen aceptado el nuevo camino.



Dando coces contra el aguijón

Al verlo partir para un viaje que debía ser tan importante, es muy natural que nos preguntemos: ¿Cuál era el estado de su mente? Tenía inclinaciones nobles y corazón tierno; pero la obra en que estaba comprometido puede suponerse que sólo podría congeniar con hombres de los más brutales sentimientos.
Entonces, ¿no había sentido algún remordimiento? Aparentemente no. Se nos dice que, al andar por ciudades extranjeras en persecución de sus víctimas, se sentía excesivamente airado contra ellas; y cuando se dirigía a Damasco todavía respiraba amenazas y deseos de matanza.
Estaba a cubierto de la duda por medio de su reverencia hacia los objetos que corrían peligro con la herejía; y si tenía que actuar contra sus sentimientos naturales y ultrajarlos con la sangrienta misión, ¿no era su mérito tanto mayor?
Pero en su viaje la duda por fin asaltó su mente. Era un viaje muy largo, de más de 180 millas, y con los medios lentos y cansados de locomoción que entonces se usaban, tardan cuando menos seis días en realizarlo.
Una parte considerable de este tiempo temía que ocuparla en atravesar un desierto donde nada había que distrajera su mente y alterara su reflexión.
La duda, pues, se levantó en esta inacción involuntaria. ¿Qué otra cosa puede significar la palabra con la que el Señor le saludó:
"Dura cosa te es dar coces contra el aguijón"?

La Luz Verdadera es Jesucristo Esta figura de lenguaje fue tomada de la costumbre de los países orientales: el boyero lleva en la mano una garrocha terminada en aguda punta de hierro, de la cual se sirve para hacer andar al animal, para hacerlo pararse, cambiar de dirección, etc.; si el buey es rebelde, da coces contra la garrocha, lastimándose y enfureciéndose con las heridas que recibe.
Este es el vivo retrato de un hombre herido y atormentado por los remordimientos de su conciencia.
Había algo en él que se rebelaba contra la corriente de la humanidad, en la que su barquilla iba flotando, y le sugería que estaba peleando contra Dios.
No es difícil concebir de donde se levantaron estas dudas. Él era discípulo de Gamaliel el abogado de la humanidad y de la tolerancia, y quien había aconsejado al concilio que dejasen a los cristianos.
El mismo era demasiado joven todavía para haber endurecido y acostumbrado su corazón a todo lo desagradable de obra tan horrible.
Por muy grande que fuera su celo religioso, la naturaleza no pedía menos que hablar por fin. Pero probablemente sus remordimientos se despertaron con especialidad a causa de la conducta de los cristianos.
La Luz Verdadera es Jesucristo Él había oído la noble defensa de Esteban, y había visto brillar su rostro como el de un ángel, en la Cámara del Consejo. Le había visto arrodillarse en el campo de la ejecución, y orar por sus asesinos.
Sin duda en el curso de sus persecuciones había sido testigo de otras escenas parecidas. ¿Parecían estas gentes enemigas de Dios? Habiendo penetrado en sus hogares para llevarlos a la cárcel, adquirió algunas ideas acerca de la vida social de los cristianos.
Estas escenas de pureza y amor ¿podrían ser el producto del poder de las tinieblas? Aquella serenidad con que sus víctimas iban al encuentro de su destino cruel ¿no parecía la misma paz por la que él había en vano suspirado?
La Luz Verdadera es Jesucristo Los argumentos de los cristianos también deben haber hablado a una mente como la suya. El había oído a Esteban probar por las Escrituras que era necesario que el Mesías sufriese; y el tenor general de la apologética de los primitivos cristianos demuestra que en su prueba deben haber apelado a pasajes como el 53 de Isaías, donde se predice una carrera al Mesías admirablemente parecida a la de Jesús de Nazaret.
Él había oído de los labios' cristianos incidentes de la vida de Cristo que representaban un personaje muy diferente del que mostraban los retratos bosquejados por sus informadores fariseos; y las palabras que los cristianos citaban de su Maestro no sonaban como el lenguaje del fanático, como creía a Jesús.




Su visión de Cristo

Tales son algunas de las reflexiones que agitaban al viajero mientras caminaba sumido en triste meditación. Pero ¿no serían éstas meras sugestiones de la tentación, de la fantasía calenturienta de una mente cansada, o de un espíritu malo que quería retraerlo del servicio de Jehová?
La vista de Damasco, brillante como una joya en el corazón del desierto, lo sacó de su abstracción.
 Allí, en compañía de rabíes cariñosos, y en la excitación del esfuerzo, arrojaría de sí estos fantasmas nacidos con la soledad.
Así pues se apresuró a caminar, y el sol de mediodía le alumbraba, urgiéndole a llegar a las garitas de la ciudad.
La noticia de la venida de Saulo había llegado a Damasco antes que él; y el pequeño rebaño de Cristo hacía oración para que se impidiera, si fuera posible, la aproximación del lobo que estaba en camino para atacar el redil.
Sin embargo, cada vez estaba más y más cerca; había llegado a la última jornada de su viaje, y a la vista del lugar que contenía sus víctimas crecía el apetito por su presa.
Pero el buen pastor había oído los gritos de su rebaño afligido, y se adelantó a encontrar al lobo por el bien de las ovejas.
Repentinamente, a mediodía, mientras que Saulo y su compañía cabalgaban hacia la ciudad bajo el ardiente sol siriaco, una luz, que debilitó aun el brillo del gran astro, resplandeció alrededor de ellos, un golpe hizo vibrar la atmósfera, y en un momento se hallaron postrados en tierra.
Lo demás sólo fue para Pablo. Una voz sonó en sus oídos:
"Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Pablo miró hacia arriba y preguntó a la radiante figura que le había hablado: "¿Quién eres, Señor?". Y la respuesta fue: "Yo soy Jesús, a quien tú persigues".

El lenguaje en que Pablo se expresaba después al hablar de este suceso, nos prohíbe pensar que hubiera sido una mera visión de Jesús lo que él vio. La consideró como la última aparición del Salvador a sus discípulos, y la coloca en el mismo lugar que las apariciones a Pedro, a Santiago, a los once y a los quinientos. Fue en realidad Cristo Jesús, investido de su humanidad glorificada, quien dejó su lugar, donde quiera que esté en los espacios del universo donde Él está sentado en Su Trono Mediatorio, para mostrarse a este discípulo electo, y la luz que sobrepujó a la del sol no fue otra que la gloria en que su Humanidad está envuelta.
Las palabras dirigidas a Pablo suministran una evidencia incidental de esto. Esas palabras fueron dichas en hebreo, o más bien en arameo, la misma en que Jesús había acostumbrado dirigirse a las multitudes en el lago y para conversar con sus discípulos en las soledades del desierto; y como en los días de su encarnación solía Abrir Su Boca en parábolas, así ahora revistió su reprensión con una fuerte metáfora, "dura cosa te es dar coces contra el aguijón".



Efectos de su conversión sobre su pensamiento

La Luz verdadera es Jesucristo Sería imposible exagerar lo que pasó en la mente de Pablo en este solo instante. No es sino un modo ordinario el que tenemos de dividir el tiempo por el reloj, en minutos y horas, días y años, como si cada porción así medida fuera del mismo tamaño que otras de igual extensión.
Esto puede adaptarse bastante bien para los fines comunes de la vida, pero hay medidas más finas para las que es completamente inconducente.
El tamaño real de cualquier espacio de tiempo debe medirse por la suma en cantidad y el valor en calidad de las experiencias adquiridas por el alma; ninguna hora es exactamente igual a otra, y hay simples horas que son más grandes que los meses.
Así medido, este solo momento de la vida de Pablo fue tal vez más largo que todos sus años precedentes.
La Luz verdadera es Jesucristo El deslumbramiento de la revelación fue tan intenso que muy bien pudo haber fogueado el ojo de la razón y aun quemado la vista misma, como la luz externa deslumbró los ojos de su cuerpo hasta la ceguedad.
Cuando sus compañeros se recobraron y volvieron a su jefe, descubrieron que había perdido la vista, y tomándolo por la mano lo condujeron a la ciudad.

La Luz verdadera es Jesucristo ¡Qué cambio se efectuó! En vez del orgulloso fariseo que caminaba por las calles con la pompa de un inquisidor, un hombre afligido, temblando, andando a tientas, pendiente de la mano de su guía, llega a la posada entre la consternación de los que lo recibieron, y tiene que pedir apresuradamente un cuarto donde pueda pedirles que lo dejen solo.
Allí queda en medio de la oscuridad, abandonado a sus meditaciones.
La Luz verdadera es Jesucristo Pero aunque la oscuridad reinaba exteriormente, en lo interior había luz. La ceguera le había venido con el propósito de excluirlo de distracciones exteriores y hacerlo capaz de reconcentrarse en el asunto que se había presentado a su mirada interna.
Por la misma razón, ni comió ni bebió por tres días. Estaba demasiado absorto en los pensamientos que se agrupaban en su mente de un modo rápido y continuo.
En estos tres días, puede decirse con seguridad, que obtuvo comprensión, cuando menos en parte, de todas las verdades que después proclamó al mundo, porque toda su teología no es más que la explicación de su propia conversión.
Su vida previa entera cayó en fragmentos a sus pies.
A él mismo le pareció que, a pesar de sus imperfecciones, estaba en la línea de la voluntad de Dios.

La Luz verdadera es Jesucristo Pero muy lejos de esto, ella se había arrojado en oposición diametral de la voluntad y revelación de Dios, y ahora había sido parada y rota en pedazos por la colisión.
 Aquello que le había parecido la perfección del servicio y obediencia, envolvió su alma en la culpa de blasfemia y sangre inocente.
Tal había sido la consecuencia de buscar la justificación por las obras de la ley. En el mismo instante en que su justificación parecía al fin haberse vuelto a la blancura tanto tiempo deseada, fue cogida en la llama de esta revelación, y tornada en tinieblas.
Había sido un equívoco, pues, desde el principio hasta el fin. La justificación no había de obtenerse por la ley, sino solamente la culpa y la condenación.
Este era el resultado inequívoco, y llegó a ser uno de los polos de la teología de Pablo.
La Luz verdadera es Jesucristo Pero mientras su teoría de la vida caía así en pedazos, con un estampido que por sí solo hubiera agitado su razón, en el momento mismo le sobrevino una experiencia contraria. Jesús de Nazaret le apareció sin cólera ni venganza, como se hubiera esperado que apareciera al enemigo mortal de Su causa.
La primera palabra hubiera sido una demanda de retribución, y su primera podría haber sido su última. Pero en vez de esto, su rostro había aparecido lleno de Divina benignidad, y sus palabras de consideraciones para su perseguidor.
En el momento en que la Divina fuerza lo arrojó en tierra, se sintió circundado de Divino amor.
Esta era la recompensa por la que en vano él había luchado todo el tiempo de su vida, y ahora la obtenía al descubrir que sus luchas habían sido combates contra Dios.
La Luz verdadera es Jesucristo Fue levantado de su caída en los brazos del amor Divino; fue reconciliado y aceptado para siempre.
Cuanto más pasaba el tiempo tanto más seguro estaba él de esto. Sin esfuerzo, encontró en Cristo la paz y la fuerza moral que en vano había buscado.
Y esto vino a ser el otro polo de su teología: que la justificación y la fuerza se encuentran en Cristo, sin las obras de los hombres, por la mera confianza en la gracia de Dios y aceptación de su dádiva.
Mucho más había entre estos dos extremos, y la adquisición de su contenido era cuestión de tiempo; pero el sistema del pensamiento de Pablo siempre ha girado dentro de estos polos.


 

Efectos de su conversión en su destino

La Luz verdadera es Jesucristo Los tres días de oscuridad no le vinieron sino después de conocer una cosa: que debía dedicar su vida a la proclamación de estos descubrimientos.
En cualquier caso lo mismo hubiera sucedido. Pablo nació propagandista, y no llegaría a ser el poseedor de verdad tan revolucionaria sin difundirla.
Además, tenía un corazón ardiente, susceptible de ser conmovido por la gratitud; y cuando Jesús, de quien él blasfemaba y cuya memoria había tratado de borrar del mundo, lo trató con Divina benignidad, volviéndole de su existencia desastrosa y colocándole en aquella posición que ya le había parecido el premio de la vida, sintió que no podía menos que dedicarse a su servicio con todos sus poderes.
La Luz verdadera es Jesucristo Era un exaltado patriota. Para él, la esperanza del Mesías había ocupado todo el horizonte del futuro; y cuando conoció que Jesús de Nazaret era el Mesías de su pueblo y el Salvador del mundo, se deducía naturalmente que debía gastar su vida en dar a conocer a este Mesías.

La Luz verdadera es Jesucristo Pero su destino también le fue anunciado claramente desde el exterior. Ananías, con toda probabilidad el principal en la pequeña comunidad de los cristianos de Damasco, fue informado en visión del cambio que había acontecido en Pablo y enviado para restaurarle la vista y admitirle en la iglesia cristiana por el bautismo.
Nada más hermoso que la manera como este siervo de Dios se acercó al hombre que había venido a la ciudad para matarlo.
La Luz verdadera es Jesucristo Tan luego como conoció el estado del caso perdonó y olvidó todos los crímenes del enemigo, y se apresuró a recogerlo en los brazos del amor cristiano.
Seguro como estaba Pablo del perdón en su ser íntimo, debe haber sido para él gratísimo consuelo, al abrir de nuevo sus ojos a la luz del mundo externo, no encontrar contradicción alguna que empañara las visiones que había tenido, sino, por el contrario, ver desde luego un rostro humano inclinándose a él con miradas de perdón y amor sincero.
La Luz verdadera es Jesucristo Aprendió de Ananías que había sido tomado por Cristo para ser el vehículo de Su nombre a gentiles y reyes y a los hijos de Israel.
Aceptó la misión con devoción infinita, y desde entonces hasta la hora de su muerte no tuvo más que una ambición: conseguir aquello para lo que Cristo Jesús le había adquirido.