FUNDACIÓN TU NUEVA ALEGRÍA

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martes, 1 de octubre de 2013



CAMINANDO HACIA LA LIBERACIÓN DE PECADO

Fue hermoso cuando recibiste a Jesucristo como Señor y Salvador de tu vida, es una sensación preciosa aquella de saber que todos tus pecados fueron perdonados, y la tremenda carga que había en tu conciencia desapareció a sabiendas que la pusiste en las manos de Dios acogiéndote a la promesa de Jesús quien dijo:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” Mateo 11:28.

En el momento mismo de tu conversión a Cristo, fuiste renovado “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 2ª Corintios 5:17, y esto es algo sumamente hermoso al saberte totalmente nuevo delante de Dios. Y lo que experimentaste inmediatamente después fue una felicidad que anhelabas compartir con todas las personas, cualquier detalle era una buena excusa para presentar a Cristo y hablar de tu nueva fe, vivías intensamente el primer amor, ¿lo recuerdas?, hubo quien te tildó de loco, fanático, aleluya, y en el mejor o peor de los casos, sencillamente te ignoraron, ¿lo recuerdas?

En esos días evitabas a toda costa caer en pecado y te esforzabas por rendirle a Dios culto racional “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” Romanos 12:1. Y así caminaste por días, meses o incluso años, pero………

Satanás conoce mejor que tu mismo tu debilidad, así, llegaron las tentaciones, que al principio resististe con vehemencia asegurando “En Cristo soy más que vencedor”, sin embargo la tentación iba y venía, cada vez más fuerte hasta que un día, caíste en pecado. En aquella primera ocasión, el dolor fue terrible y profundo, doblaste rodilla, pediste perdón a Dios y alcanzaste misericordia, te sentías muy mal, ¿lo recuerdas? Pasados los días la tentación volvió y caíste de nuevo, una vez más te dolió, y pediste perdón a Dios, en esta ocasión el acusador susurró a tu conciencia: “hipócrita, estas jugando al cristianito, tú no eres salvo, eres un pecador perdido, Dios te va a fulminar, no te olvides que Dios no puede ser burlado (Gálatas 6:7), tu te estás burlando de Dios”, entonces te sobrecogió un temor muy especial y clamaste a Dios nuevamente, alcanzando la paz que solo Dios en su misericordia puede dar, y tomaste la decisión de no pecar otra vez, se lo prometiste a Dios y firmaste un pacto espiritual con el Señor. Así te mantuviste por un tiempo hasta que una vez más, volviste a caer.
Está vez te sentiste mal pero un tanto desilusionado pues “Dios no te ayudó, Él sabe de tu debilidad y te dejó caer”, así que comienzas a pensar que quizá no es tan malo lo que te sucede, que a lo mejor es parte de tu preparación en la vida, estas confuso, pides ayuda y perdón a Dios, aunque te sientes hipócrita y falso. Pasan los días, no ves ningún tipo de castigo de Dios, es más, el Señor te sigue Bendiciendo, y vuelves a caer una y otra vez, así tu conciencia se cauteriza, te llegas a preguntar ¿soy salvo?, ¿acepté a Cristo?, ¿por qué no me castiga Dios? No obstante la dureza de tu corazón, cada vez que pecas, te sientes mal. Pese a que disfrutas tu pecado, la sensación inmediata es dolor en tu corazón y te preguntas a que se debe, si tú ya estás apartado del amor de Dios, pues la Biblia dice que eres como la puerca lavada que se revuelca de nuevo en el cieno o como el perro que vuelve a su vómito que se menciona en 2ª Pedro 2:22.

Sabes en tu corazón que no es bueno lo que haces, que no te edifica y lo que es más, no te deja ser feliz, pues no hay paz en tu corazón, quieres dejar ese pecado pero no puedes, no tienes fuerza, ya no clamas a Dios pues asumes que Dios ya no te quiere por hipócrita, y a tu mente vienen las palabras de Jesús…
“¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” Lucas 6:46.
Te sabes perdido, y sin esperanza, aun así tu corazón anhela refrigerio, quieres que Dios te perdone y quieres liberarte de ese pecado que aunque te gusta, a la vez te atormenta. Hoy entiendes a los adictos a algún tipo de droga, a quienes juzgabas con dureza diciendo que todo lo que necesitaban era fuerza de voluntad, tú te sientes peor que ellos. Clamas al cielo en lo más profundo de tu corazón, ¿qué puedo hacer para liberarme de este pecado?, y pareciera no haber respuesta. Tus “hermanos” en Cristo, te rechazan, para ellos estás perdido, eres un mal testimonio y un mal ejemplo, y si alguno acierta a dirigirte algunas palabras te dice “arrepiéntete porque te vas a ir al infierno”, así que….

¿Cómo liberarte del pecado que te ata?

Lo primero que debes entender en lo más profundo de tu corazón es que Cristo te ama, a tal grado que murió por tus pecados, es decir que Jesús ya pagó el precio de todo el mal que has hecho, y que sus brazos están extendidos para ti, Dios te ama y te perdona.

Lo segundo que debes comprender es que si te sientes triste, o mal por ese pecado, se debe a que el Espíritu Santo está redarguyendo tu corazón, no es tu conciencia, es Dios mismo, el que te demuestra que Dios no te ha abandonado.
“pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas” 1ª Juan 3:20. Debido a que Cristo pagó con sangre por tu alma, y te sigue amando y se conduele por ti.

No importa la opinión de los “hermanos” que te dicen que Dios no quiere nada contigo, lo que importa es lo que enseñan las Escrituras y es que el amor de Dios es tan grande que no lo podemos entender, Dios no tiene actitudes de hombre, mientras tu no puedes perdonar a quien te hace daño, Dios si te perdona todo, y el precio de tu pecado lo estás sufriendo ya al no tener paz ni felicidad en tu vida.

Una vez que en tu mente y corazón comprendas esto, debes hacer lo que Dios te indica para ser liberado de ese pecado o de los pecados que te atan.

A.- CONFIESA TU PECADO

“Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado” Salmo 32:3-5

Es necesario que le confieses a Dios ese o esos pecados, uno por uno, con nombre y detalles, no omitas nada, dile cuanto te gusta, dile cuanto te duele, confiesa tu debilidad y tu impotencia. Derrama tu corazón delante de Dios.

B.- PIDE PERDÓN Y RESTAURACIÓN A DIOS

Dile a Dios cuanto lo sientes, y pídele perdón, no hagas pacto alguno, no prometas nada, solo pide perdón y ayuda Divina para salir adelante. “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” Hebreos 4:14-16 Pide a Dios que en ese mismo momento restaure tu vida. No te preocupes como será la salida o la solución, sólo pide a Dios y Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará. Salmo 37:5

C.- DEJA QUE LA LUCHA Y LA VICTORIA SEAN DE CRISTO

Esta parte es quizá, la más difícil de comprender, pues generalmente uno trata por sus propias fuerzas de vencer al mal, lo cual es prácticamente imposible. Confías en tu conocimiento Bíblico, en tus oraciones, en ti mismo, cuando lo único que debes hace es permitir a Dios luchar y vencer por ti. “Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” 1ª Corintios 15:56-57, “No los temáis; porque Jehová vuestro Dios, él es el que pelea por vosotros” Deuteronomio 3:22.

D.- RETOMA TUS PRINCIPIOS CRISTIANOS

De manera conciente, apártate del mal, “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.” 1ª Corintios 10:12-13, pide a Dios dirección cada día, mantén firme tu comunión con Dios orando en todo tiempo, cuando venga la tentación, clama a Dios “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” Jeremías 33:3. Aliméntate de la Palabra de Dios cada día y busca la Iglesia donde congregarte para adorar a Dios.

La vida debe ser hermosa, pues eres hijo de Dios, lo que te coloca en una posición de privilegio. Dios quiere que seas feliz y que vivas en completa paz. Sólo Dios en su poder y misericordia infinita puede ganar la batalla de pecado en tu vida, permite pues que Dios lo haga por ti, no desmayes ni te desanimes, Cristo te Ama y como al hijo prodigo te recibe con los brazos abiertos para depositarte en su seno.

No dejes esta reflexión en “una lectura más”, te animo a ponerla en práctica, de tu parte se requiere voluntad y disposición, Dios conoce tu corazón y sabe como liberarte, permíteselo hacerlo hoy mismo, no lo postergues mas.

Dios te conceda la sabiduría para hacer lo correcto.

Que el Dios de los ejércitos ponga en tu corazón tanto el querer como el hacer, por buena voluntad. En Cristo Jesús, Así sea.
"La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable. Amen." (Efesios 6:23)

Que Dios ponga en tu corazón Buscarle a El primero todos los días y leer Su Palabra, servirle en tu trabajo, escuela, casa o en cualquier lugar que esté para que El te dé y aún te añada conforme a Su voluntad Santa y Perfecta!
En El Nombre de Jesucristo, Amén.

Deja el control, déjaselo a Él y todo te saldrá bien en el tiempo perfecto de Dios.

Dios les Bendiga.
                  Nosotros sembramos la Bendita Palabra... Pero el fruto, la cosecha es de Dios

domingo, 29 de septiembre de 2013



Ponedle fecha de vencimiento

“La esperanza que se demora es tormento del corazón; pero árbol de vida es el deseo cumplido” Proverbios 13:12

Ponedle a tus sueños y proyectos fecha de vencimiento, y trabaja para verlos cumplidos.

Así como el yogur es saludable, pero vencido se vuelve perjudicial, lo mismo pasa con los sueños y los proyectos que nunca se concretan. Pasan de ser una alegría a convertirse en un tormento del corazón.

Pero árbol de vida es el deseo cumplido, no la esperanza de que se cumpla.
Uno no crece y se desarrolla por los sueños y proyectos que tiene, sino por los sueños y proyectos que realmente concreta.

Tu economía no crece por lo que pensáis ahorrar, sino por lo que ahorras concretamente.

Una persona no es grande por sus sueños o sus proyectos, sino por sus logros.

La mayoría se emociona con sus sueños y sus proyectos, cuando en realidad debería emocionarse por sus logros.

Matrimonios: pónganle fecha de vencimiento a los cambios que se prometen hacer mutuamente. Para que esta esperanza de cambio que hay en cada uno de ustedes no se convierta en un tormento del corazón al ver que nunca sucede.

Préstale atención a este principio de la Palabra de Dios y ponedle fecha de vencimiento tanto a las cosas que queréis como a las que te comprometiste a hacer, para que la esperanza no se convierta en un tormento, ni para ti ni para los demás.

Recuerda las cosas que quieres lograr y los cambios que te comprometiste a hacer, ponedles fecha de vencimiento, y trabaja activamente para su cumplimiento.

¡Yo bendigo tu vida con una unción de concreción, y cancelo en ti toda postergación, para que todo lo que deseas se vea cumplido en tu vida!


domingo, 22 de septiembre de 2013



A través de los lentes de aumento
Léanos Mateo 10:28-31 Y no temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.
29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre.
30 Pues aun vuestros cabellos están todos contados.
31 Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos.
Y él les tiene contados a ustedes aun los cabellos de la cabeza. Mateo 10:30 (NVI)
En nuestro jardín hay un rincón con la flor llamada saxífraga umbrosa. Esta planta delicada no sobresale mucho en el jardín. Sus flores son insignificantes, y pasan desapercibidas.
Sin embargo, cuando veo estas pequeñas flores a través de lentes de aumento, son maravillosas.
Cada uno de los estambres está claramente definido, y los puntos rojos están arreglados con precisión en cada pétalo rosado.
Ésta es una flor de gran belleza y merece su lugar en nuestro jardín.

Cuando veo la flor bajo lentes de aumento, pienso en cómo Dios nos debe mirar. Dios nos conoce tan íntimamente como para saber el número de cabellos en nuestra cabeza.
Hay muchas circunstancias en nuestro mundo que nos hacen sentir indignos/as, insignificantes y temerosos.
Pero en el pasaje Bíblico de hoy en Mateo, Jesús nos recuerda el valor que tenemos para nuestro Creador.

Cuando el dolor de este mundo quiera robarme el sentido de valor y de gozo, quiero recordar que ¡Dios conoce el número de cabellos en mi cabeza!

Oración:
Padre Celestial, gracias porque somos atesorados/as por ti. Gracias por todo lo que has creado. Especialmente, gracias porque nos amas con amor eterno. Amén.

PENSAMIENTO PARA EL DÍA
Nada nos puede quitar el valor que Dios nos da.

OREMOS:
Por quienes se sienten insignificantes.



                             “Sembramos La Semilla Pero Dios trae La Cosecha’’

martes, 13 de agosto de 2013



Analicemos todo antes de actuar

Un señor les compró un conejo a sus hijos. Los hijos del vecino, le pidieron una mascota al padre".
El  hombre compró un cachorro de pastor alemán. El vecino exclamó: ¡Pero él se comerá a mi conejo! - De ninguna manera, mi pastor es un cachorro. Crecerán juntos, serán amigos.  Yo entiendo mucho de animales. No habrá problemas se lo puedo asegurar.

Y, parece que el dueño del perro tenía razón. Juntos crecieron y se hicieron amigos. Era normal ver al conejo en el patio del perro y al revés. Los niños, felices observaban cómo ambos vivían en armonía.
Un viernes el dueño del conejo fue a pasar un fin de semana en la playa con su familia.
El domingo, a la tardecita, el dueño del perro y su familia tomaban una merienda, cuando entra el pastor alemán a la cocina. Traía al conejo entre los dientes, sucio de sangre y tierra... muerto.
Casi mataron al perro de tanto agredirlo. Decía el hombre: - El vecino tenía razón, ¿y ahora? ¡Que haremos!... La primera reacción fue pegarle al perro, echar el animal como castigo.

En unas horas los vecinos iban a llegar. ¿Qué hacemos? Todos se miraban. El perro, llorando afuera, lamía sus heridas. - ¿Pensaron en los niños y en su dolor?
No se sabe exactamente de quien fue la idea, pero dijeron: Vamos a bañar al conejo, dejarlo bien limpio, después lo secamos con el secador y lo ponemos en su casita en el patio.
Como el conejo no estaba en muy mal estado, así lo hicieron. Hasta perfume le pusieron al animalito.
Quedó lindo, "parecía vivo", decían los niños. Y allá lo pusieron, con las piernitas cruzadas, como si estuviese durmiendo.

Luego al llegar los vecinos se sintieron los gritos de los niños. ¡Lo descubrieron! No pasaron ni cinco minutos que el dueño del conejo vino a tocar a la puerta. Blanco, asustado. Parecía que había visto un fantasma.
¿Qué pasó? ¿Qué cara es esa?  - El conejo... el conejo... grito -¿El conejo qué? ¿Qué tiene el conejo?  - ¡Murió!  - ¿Murió?  - ¡Si Murió el viernes! - ¿El viernes? - ¡Fue, antes de que viajáramos, los niños lo enterraron en el fondo del patio!

La historia termina aquí. Lo que ocurrió después no importa. Ni nadie lo sabe.

El gran personaje de esta historia es el perro. Imagínense al pobrecito, desde el viernes, buscando en vano a su amigo de la infancia. Después de mucho olfatear, descubrió el cuerpo enterrado. ¿Qué hace él?...
Probablemente con el corazón partido, desentierra al amigo y va a mostrárselo a sus dueños, “imaginando poder resucitarlo."

El hombre tiene la tendencia a juzgar anticipadamente los acontecimientos sin verificar lo que ocurrió realmente. ¿Cuántas veces sacamos conclusiones equivocadas de las situaciones y nos creemos dueños de la verdad? Pensemos bien antes de juzgar las acciones de los demás y de emitir juicios sobre las cosas.  Pero no dudemos en someter a un severo juicio a nuestros propios pensamientos y actitudes, que nos sirva para depurar todo lo negativo que hay en nosotros.
En cuanto pongamos esto en práctica descubriremos que no tenemos la más mínima autoridad para juzgar.
Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos, 1 Corintios 6:5