FUNDACIÓN TU NUEVA ALEGRÍA

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domingo, 22 de enero de 2012

Verdad Libertadora


VERDAD LIBERTADORA
Lectura: Efesios 1:3-10

1:3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,
1:4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,
1:5 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,
1:6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,
1:7 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,
1:8 que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,
1:9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo,
1:10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

"Nos hizo aceptos en el Amado" Efesios 1:6
Una misionera soltera se había estado menospreciando a sí misma. Era infeliz con su vida en general, pero en especial le disgustaba pensar en lo que ella creía que era su bajo nivel de crecimiento espiritual.

Una mañana se miró en el espejo de manera escudriñadora. Luego, muy lentamente, dijo: "Dios, te agradezco que sea yo misma y que jamás pueda ser alguien más".

Ese fue su momento de auto-aceptación liberadora. Se dio cuenta de que, por el diseño de Dios, ella era una persona absolutamente única, un ser humano redimido por Cristo que jamás podría ser reemplazado o duplicado.

¿Te condenas a ti mismo porque no eres tan espiritual como crees que debieras serlo? ¿Te ves como un discípulo de segundo orden, que carece de los dones y las gracias que poseen tus compañeros creyentes que parecen ser modelos de oración, testimonio y servicio? Podemos elevarnos por encima del desánimo producido por el auto-rechazo y disfrutar de la auto-aceptación agradecida cuando ponemos nuestras vidas en las manos de Jesús, las cuales muestran las marcas de los clavos. "En quien tenemos redención por Su sangre, [y] el perdón de pecados" (Efesios 1:7). Somos aceptados y elegidos por Él (versículos 4-6).

Si el Señor nos ha aceptado, ¡seguramente podemos aceptarnos a nosotros mismos! Esa es la verdad libertadora.

Estaba en un importante cruce de calles de la Ciudad de México. El tránsito era fluido. De pronto, vi que un trolebús perdía su contacto con los cables de energía y se detuvo. Esto provocó un caos vial que duró hasta que el vehículo restableció su unión con la energía.

Vino a mi mente la parábola del Señor Jesús en Juan 15. Si no estamos en perfecta unión con Cristo, nuestra vida será un tremendo caos. Necesitamos estar unidos a la vid verdadera que es Cristo el Señor y, alimentados por su savia, seremos uno con Él, como Cristo lo es con el Padre.
Para poder vivir en perfecta unión con el Señor Jesucristo, necesitamos vivir en obediencia a Dios, cumpliendo su mandato: amar a Dios con todo nuestro ser y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. El resultado en nuestra vida es que se hará realidad lo que dice el apóstol Pablo: «... somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó» (Romanos 8:37)».

Reflexión: Aceptar el regalo gratis de la salvación de parte de Jesús nos libera para aceptarnos a nosotros mismos.

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Juan 15:4

Oración: Señor, ayúdame a permanecer unido con Cristo. Hazme pámpano vivo para dar fruto para tu gloria. Amén.

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