FUNDACIÓN TU NUEVA ALEGRÍA

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lunes, 27 de abril de 2015


VUÉLVETE A CRISTO

“Vuelve ahora en amistad con Dios, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien Job 22:21”

La palabra volver es sinónimo de convertir, regresar, devolver las cosas al estado de antes.

A través de este pasaje Bíblico, Dios le da la orden perentoria a Job de volverse a Él, garantizándole que sólo tomando esta decisión tendría paz.
Todos hemos experimentado la turbación de nuestro espíritu por alguna situación que produjo este estado de ánimo en el cual hay conmoción.
Así se encontraba Job por haberlo perdido todo y así nos encontramos nosotros cuando ocurre algo en nuestras vidas de gran impacto.
Sólo que existe una gran diferencia entre experimentar este estado de ánimo habiendo hecho de Cristo el fundamento de nuestras vidas o sin haber tomado la decisión de darle el primer lugar al Señor para que Él sea ordenando, restaurando la casa, volviendo todo al lugar donde debe estar.

El apartarnos de Dios habiéndolo conocido también produce turbación a nuestro espíritu, alma y ser, pues ese primer lugar que debe estar tomando nuestro Salvador, tal vez se lo estés dando a los placeres momentáneos, a las riquezas materiales, a tantas cosas que no le aportarían a tu vida las Bendiciones y beneficios por los cuales el salmista agradeció a Dios cuando exclamó “Bendice alma mía a Jehová, y bendiga todo mi ser su Santo nombre. Bendice alma mía a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios……..” Si seguimos leyendo el texto, encontramos que el salmista era consciente del Señorío y del poder de nuestro amado redentor, así como también de los beneficios o razones por las cuales debían tanto su alama como su ser bendecir el Santo Nombre del Señor.

En este salmo encontramos no solamente razones para agradecer, sino también para no apartarnos jamás del que nos amó tanto que entregó a Su Hijo en propiciación por nuestros pecados para hacernos libres de la muerte eterna.

Volviendo al capítulo 22 versículo 22 del libro de Job, continúa Dios ordenándole a Job en ese momento y en los actuales a nosotros lo siguiente:

“Toma ahora la ley de su boca. Y pon sus palabras en tu corazón.” Cuando tomamos algo como en este caso la Palabra de Dios, accedemos a ella, al conocimiento, enseñanza e instrucción que nos proporciona.
Guardarla en el corazón significa que seremos sensibles y obedientes a lo que Dios dejó escrito para nuestro conocimiento, sujeción y para dar a conocer a otros a fin de que no se pierdan, sino que procedan al arrepentimiento, pues vemos como en el capítulo 10 versículos 8, 9 y 10 del libro de Romanos, el apóstol Pablo inspirado por Dios nos dice:

“Más ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos. Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia pero con la boca se cree para salvación.”

De acuerdo a lo consignado en este pasaje Bíblico, debemos hacer dos cosas ellas son: confesar y creer.

Confesar es declarar, dar a conocer un hecho, en este caso que Dios existe y que sólo a través de Su Hijo Jesucristo podemos encontrar salvación y vida eterna.

Creer es aceptar que en quien hemos creído, en este caso Jesús es real, es poderoso, es fiel es nuestro sanador, nuestro consolado y libertador, utilizando el corazón y la boca para poder confesar y creer, razón por la cual cuando oramos por alguien inconverso lanzamos expresiones tales como “Señor quita el corazón de piedra y pon un corazón de carne, o Señor has de su corazón tierra fértil para que Tu Palabra produzca fruto digno de arrepentimiento, o Señor dale un corazón sensible a Tu Palabra, o quebranta su corazón, o dale un corazón conforme a Tu voluntad, por ser este órgano transformado por Dios para cumplir el propósito que ha dispuesto con nosotros y con los que seguirá añadiendo a su redil. Y la boca por el poder que tienen las palabras para cambiar circunstancias adversas a nuestro favor y para hacer que se cumpla lo que decretamos con ella. En este caso el cumplimiento de la Palabra de Dios y la finalidad con la cual la lanzamos o enviamos.

El cumplimiento de la orden que Dios da a Job en ese momento y en los actuales a nosotros, significa obediencia y obedecer nos hará acreedores a las siguientes Bendiciones consignadas en los versículos del 23 al 30, consistentes en ser edificados en este caso sobre el fundamento de la Roca Inconmovible, alejar de nosotros la aflicción, tener más oro que tierra y como piedras de arroyo oro de ofir. Esto se traduce en un creciente bienestar comparado con la piedra preciosa con la que Salomón construyó el templo para Dios, o como las añadiduras adheridas a la obediencia por haber cumplido la orden de Dios, ser defendidos por Dios.
Todos hemos experimentado el vituperio y la injusticia ante lo cual y como resultado de obedecer tendremos la seguridad de ser defendidos por Dios, tener riquezas materiales en abundancia por el hecho de deleitarnos y levantar nuestro rostro a Dios.
Esta promesa es confirmada por el salmista cuando nos dice: “Deléitate a sí mismo en Jehová y Él te concederá las peticiones de tu corazón, confía en Él y Él hará.”
Amados hermanos, para nosotros debe ser un deleite contemplar la Hermosura de Dios y no hago con esta expresión referencia al aspecto físico, sino Espiritual, o a lo Hermosa que es Su Palabra, a lo Divino de su accionar, a su revelación, a su protección y a todo lo que Él ha hecho, hace y hará por nosotros.

Oraremos y Él oirá, y pagaremos nuestros votos, tendremos la seguridad de recibir respuesta a nuestras peticiones, determinar, establecer o decretar algo que queramos que ocurra o que se nos dé y será hecho, confirmado, reafirmado, además de hacer resplandecer su luz sobre nuestros caminos lo cual nos garantiza no andar en tinieblas expuestos a tropezar y caer.
En caso de ser abatidos, tendremos autoridad para decretar el enaltecimiento con la seguridad de que lo habrá, salvará al humilde de ojos, liberará al inocente, y por la limpieza de nuestras manos, es decir las manos de quienes obedecimos guardando y poniendo por obras Su Palabra será librado.

Mi pregunta es ¿quieres tener paz? Si tu respuesta es sí, entonces vuélvete ahora en amistad con Dios y la alcanzarás.
¿Deseas que todas estas promesas tengan cumplimiento en tu vida? Si la respuesta es sí, has un acto de obediencia al Señor, y si aún no tomas una decisión de fe, confiesa con tu boca que Jesús es el Señor y cree en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, seguidamente y con el propósito crecer espiritualmente, pon Su Palabra por obras en tu vida, entonces obtendrás todos estos beneficios y entenderás porque el salmista dio la orden a su alma y a todo su ser de bendecir a Jehová.

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